jueves, 16 de julio de 2015

UN POEMA DE EAVAN BOLAND




CUARENTENA


En la peor hora de la peor estación 
del peor año de todo un pueblo,
un hombre sale de su taller con su esposa.
Él caminaba -ambos caminaban- hacia el norte.

Ella estaba enferma por la fiebre del hambre y no podía mantenerse en pie.
Él la levantó y se la echó a la espalda.
Él caminaba hacia el oeste y oeste y el Norte,
hasta que al anochecer llegaron bajo las estrellas de helada.


Por la mañana fueron encontrados muertos
de frío. De hambre. De las toxinas de toda una historia,
pero los pies de ella se mantenían contra el pecho de él.
El último calor de su carne fue el último regalo para ella.


No dejes que ningún poema de amor llegue a este umbral.
No hay lugar aquí para la alabanza inexacta
de la gracia fácil y de la sensualidad del cuerpo.
Sólo hay tiempo para este inventario sin piedad:


su muerte juntos en el invierno de 1847.
También lo que sufrieron. Cómo vivieron.
Y qué hay entre un hombre y una mujer.
Y en qué oscuridad se puede demostrar mejor.



(Trad.: Antonio Linares Familiar)

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