martes, 14 de abril de 2015

PLASMASPLEEN

Pero entonces, ¿cómo piensa un suicida? ¿Qué música escucha? ¿Qué partes visita, y a qué hora, de la ciudad? Suelo hacerme esas preguntas a lo largo de mis paseos. Trato de imaginar el último paseo de un terrorista suicida, por ejemplo. Un tipo con un chaleco de dinamita de camino a la parada del autobús, con el detonador en la mano. A veces me da miedo: logro hacerme una idea de ese nivel de ansiedad y de pánico. Pero otras lo que me da es envidia: visualizo el brillo inigualable de los últimos objetos: el último árbol, el último cartel publicitario, el último culo. Oh, ese brillo. ¿No?

En Murcia hay torres, esqueletos de rascacielos, de la época del boom inmobiliario, desde lo alto de los cuales podría saltar, pero suelen estar vigilados. No quiero problemas. Hasta de madrugada te ven, si intentas colarte. Son gente dura, los vigilantes. No duermen. Están hartos de nosotros.

¿Qué lee un suicida de verdad? Trato de imaginar un texto tan trascendental que fuese capaz de drenar tus ganas de seguir viviendo: tu alegría, tu esperanza, tu curiosidad o, incluso, tu pereza. Tu apego a la inercia del segundero: la homeostasis. Oh, qué texto. Y trato de imaginar esa lectura, con el mayor detalle posible. Entrar en la madrugada, revelación tras revelación, sin sentir la menor somnolencia, arrastrado por el hilo de oro de ese Necronomicón. Eso lee un suicida, ¿no?

Ensayo frente al espejo. Mi cara de Kurt Cobain. Para ponerla el sábado por la noche. Pero disfruto más de la preparación de mi pose de suicida, de mis ensayos generales, que de la representación en sí. La mayoría de mis amigos trabajan ahora como camareros, o están en paro como yo, o se han largado al extranjero. Quedan cuatro gatos, y Mauricio, por ejemplo, ha empezado también a morderse los carrillos y a mirar al infinito. Con la mano derecha, mientras, se rasca el bolsillo en busca de monedas sueltas con que pagarse otra cerve. Como yo.

He vuelto a casa de mis padres y podría utilizarlos de público, pero no quiero problemas.

¿A qué renuncia un suicida? ¿Cómo era la exnovia del piloto alemán? ¿Como Beatriz?

¿Estará en el Meetic, Beatriz? ¿Saldrá por las discos de divorciatas de Murcia?

Tomemos a Nicholas Cage. En Las Vegas. Parece que está quemando las naves, que lo ha vendido todo para pegarse unas últimas semanas de festival a lo grande. Se le ve casi feliz, ahí en la licorería, ¿no? ¿Y por cuánto le va a salir esa bacanal? ¿Y los hoteles?

¿Llama un suicida a Cofidis? Sí, ¿no?

¿Se pelea un suicida con su padre, por el mando de la tele? ¿Le mandan mensajes pasivoagresivos, para que busque trabajo?

¿Hace un suicida captaciones para Aldeas Infantiles y es despedido a los quince días?

¿Le pide dinero a su madre, para el abono del Ciudad, y ésta se lo niega? Sí, definitivamente un suicida se hace hincha del Ciudad.

¿Qué series ve un suicida en su mala tablet de 7', hasta las cuatro de la mañana, todos los días? No por nada, sino porque ya no sé cuál empezar. La de Masters of Sex, ¿no?

Me gustaría saber si es posible matarse caminando en círculos por las rotondas de Murcia. Si es aceptable tomarse descansos entre vuelta y vuelta, echando un vistazo por el Media Markt.

No quiero problemas. Igual con convertirse en ectoplasma es suficiente, ¿no?

No hay comentarios:

Publicar un comentario