sábado, 28 de febrero de 2015

DANIEL CANOGAR - INCONTABLE (SALA VERÓNICAS, HASTA EL 12 DE ABRIL)



El jueves estuve en la Sala Verónicas, en Murcia, viendo la expo de Daniel Canogar, "Incontable". Fue mi tercera vez.

Recomiendo entrar rápido desde la calle, un día soleado.

Canogar proyecta (in)significantes culturales descontextualizados sobre materiales desechados, detritus tecnológico como cintas de vídeo, cedés, teclas rotas, una calculadora inservible o discos duros viejos. Vemos números y palabras sueltas, fragmentos de vídeos caseros o películas grabadas de la tele, garabatos y patrones acelerándose, girando hasta salir de su eje, creando dibujos que colapsan continuamente, emborronando y desapareciendo.

Y eso es todo.

¿Y entonces, el nudo en la garganta de dónde viene? Probablemente, de que es difícil no reconocerse en esos vídeos caseros, en la música que contenían esos tropocientos cedés de la pieza principal, en los textos ilegibles que produce un teclado fantasmático, bajo el proyector.

La obsolescencia programada de nuestros productos culturales, la fugacidad de nuestros significantes.

Ciclos de consumo contabilizados en teraflops. Ejes que se parten y son sustituidos. Píxeles negros en pantallas. Cómprate otra.

Y luego sal a la calle de golpe. Te van a picar los ojos, claro. Pero no te coloques las gafas de sol ni te pongas la mano en la frente a modo de visera. No. En lugar de eso, piensa en la poesía negra y en la poesía blanca y en la frontera que acabas de atravesar. Y alégrate de que esté, la poesía, en tu vida. Igual ya tienes una mano en tu negro móvil, que espera en el bolsillo a que lo desbloquees y le eches un vistazo. Mírate, ahora, y ojalá que esa imagen se quede contigo, y te sirva de algo.

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