viernes, 9 de enero de 2015

UNA MODESTA TOMA DE POSICIÓN

Seré muy breve.

Recientemente he hecho eso que todo el mundo llama "dar un paso adelante". He decidido incorporarme a una candidatura. A unas elecciones primarias. De un partido político, sí. Sí, ya sabéis, esas organizaciones con siglas y con logos que sirven (a veces) para intervenir en la sociedad que nos envuelve. En este caso, en la vida colectiva de mi ciudad. Que es Murcia.

Esta decisión ha hecho levantarse algunas cejas delante de mí. Y detrás también, eh, que me he enterado.

Mis amigos me han apoyado con pocos paliativos, aunque he recogido en un bote de muestras algunos comentarios salaces de tipo "¿Ánde vas tú ahora?", "Mira que eres pájaro" o "Con lo tranquilo que tú estabas, menudo berenjenal". ¡Los colecciono!

Y también tengo, en un lugar especial de mi casa, las miradas, ceños, cejas, muecas y expresiones de disgusto que se reservan para esos poetas que traicionan su arte al salir de su chambre de bonne, cerrar al resbalón y bajar a la calle a ver qué se cuece.

Seré muy breve.

La sociedad capitalista relega a los creadores a un cuarto de juegos acolchado en el que pueden ser todo lo bestias que quieran, romper lo que les dé la gana, gritar etcétera. Pero sin salir, eh. Ni ellos ni sus juguetes. Fuera, se respeta lo que diga el señor de la casa. Y lo que suele querer, el señor de la casa, es silencio.

Pero vaya, ¿cómo va a cambiar en nada una sociedad que deshabilita a quienes imaginan? ¿Qué tienen en la chola esos politotecnócratas de carrera con sus perfectas dentaduras, su peinado inamovible y sus no menos perfectos e inamovibles discursos, politotécnicamente correctos? Sí, he dicho politotécnicamente correctos, no políticamente. La diferencia es muy sencilla. Cuando, por ejemplo, la PAH interviene en una oficina bancaria y llama cobarde a su director, por negarse hasta a recibir a la familia que está tratando de desahuciar, no está siendo politotécnicamente correcta. Políticamente, en cambio, está siendo más correcta que el copón. Así de easy, bro.

¿Por qué debo quedarme en no sé qué torre de marfil, puliendo el mármol de mi obra? ¿Por qué mi misión no puede ser otra que la producción de una obra comercializable? Y, si no soy más que eso, un obrero cultural, ¿dónde están, al menos, mis vacaciones pagadas, mis días de asuntos propios y mi cesta de navidad?

Era broma. Yo lo que quiero es poder salir del jodido cuarto de los niños. Ya está. No me gustan los argumentos con que se me invita a "dedicarme a la poesía". Sobre todo me disgusta cuando los propios creadores alegan que, fuera, todo es demasiado complicado. Zapatero a tus zapatos. ¿Zapatero a tus zapatos? Lo que nosotros hacemos no son zapatos, pendejos. Hemos leído a Cortázar y a Guy Debord. Nos hemos sentado en las plazas de la revolución del quince de mayo. Lo que queremos es escribir en las paredes de la ciudad la poesía que la hace habitable. Lo que queremos es ese otro mundo posible. Y sabemos que ese cambio es factible mediante las acciones adecuadas*.

Seré muy breve. No contéis conmigo, para la mierda ésa del silencio.




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* Informe sobre la construcción de situaciones y sobre las condiciones de la organización y la acción de la tendencia situacionista internacional. Guy Debord, 1957


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