martes, 23 de diciembre de 2014

Y TÚ ME LO PREGUNTAS




Seré muy breve, como dice Nacho Vegas.

La poesía es el grado cero de la alienación.

Se la emparenta con el sueño, con la infancia, con los estados alterados de conciencia, con la contemplación, con el silencio, con la música, con la parte de la vida que escapa al vértigo del absoluto presente o, al revés, con el absoluto presente.

Dime con qué relacionas la poesía y te diré qué entiendes por alienación, de espaldas a qué te colocas cuando la defines, lo que es lo mismo que decir: de qué esperas que te cure.

Por supuesto, el menda vale como ejemplo. Y también este artículo: yo es que es empezar a hablar de poesía y sacar del estuche mi léxico marxista de toda la vida.

Ya, ya sé que voy a tener una vejez muy mala.

Ay, míralos, a los poetas, qué bonicos ahí al sol, en el parque, manteniendo encendidos debates epistemológicos desde sus sillas de ruedas.

Está usted hecho un chaval, me dirá alguien, en un tono de voz un poco demasiado alto, como el que usamos con un sordo.

Y yo contestaré: No estamos hablando de mi estado de salud, perfecto imbécil. Te estoy hablando de Gramsci, ¿entiendes? ¡De Gramsci!

Pero no se me entenderá muy bien. Se me verá agitado y un poco rojo. Otro alguien me repetirá le tengo dicho que no se altere y me meterá otra pastillita en la boca. La poesía, entonces, dejará de ser Gramsci y pasará a ser oxazepam. La luz del sol entre los árboles aterrizará en mi manta de cuadros. Como un haiku. 

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