lunes, 15 de diciembre de 2014

MAIS SAMBA

Yo quería liarme la manta a la cabeza y redactar hoy para este medio un pedazo de post de cinco mil palabras capaz de haceros reír - llorar, emocionaros, tocaros la fibra, iluminaros y cambiar vuestra mente para siempre, pero me ha dao un perezón y no va a poder ser. Lo que pasa es que los materiales ya los tenía encargados y el tío del furgón me está taladrando el teléfono toda la mañana, así que los voy a dejar aquí de cualquier manera:

- En los juegos de rol para ordenador, los llamados MMORPG, uno siempre empieza por construirse un personaje. Escoge la raza, la clase, las habilidades especiales, las destrezas. Escoge hasta el tono de la piel, el peinado y el color de los ojos. Cuando empieza a jugar, una cosa está clara: su avatar es un elfo explorador de visión nocturna y +10 de camuflaje, moreno con flequillo emo y ojos, yo qué sé, turquesa.

- La vida no es un MMORPG. Ni tú un avatar.

- "La Coca-Cola / siempre es igual. / Pero yo no, / yo puedo cambiar.". Han pasado veintidós años y se me siguen poniendo todos los pelos de punta cuando escucho a Kiko Veneno cantar esos cuatro versos, que para mí están a la altura de determinados poemas de Goethe, Jayyam o Eliot. Al final de la canción la coda cambia: "La Coca-Cola / siempre es igual. / Yo a veces tampoco / puedo cambiar.". Ay, madre.

- "Cambiar", en el sentido que le da el Kiko, no es sinónimo de "reinventarse". Es casi, casi lo contrario. Significa que no somos estampas, que no somos una máquina que o a/ sirve para cumplir su función específica o b/ está rota. No significa que podemos "reciclarnos" (qué horrorosa neolengua usa el márketing para hablar de la vida humana, cohone) y convertirnos de súbito en otra máquina totalmente diferente que ejerce otra función. No. Porque

- La vida no es un MMORPG. Ni tú un avatar.

- No eres un avatar. No tienes función.

- "Ser poeta" / "Dejar de ser poeta" / "Hacerse poeta" / "Yo era poeta, y ahora soy novelista". No me gustan esos términos. Sí, claro que los uso, pero nunca, jamás, bajo ningún concepto me olvido de que:

- No eres un avatar. No tienes función.

- El atributo. La función. La pegatina en el pecho que te identifica como bombero, auditor de sistemas, reponedor de supermercado o poeta. No es una pegatina, es un chip. No es adhesivo, va clavado. Pero no son clavos, son cables. No se sabe qué fue antes, si el huevo o la gallina. Y tampoco si llevamos el atributo porque cumplimos los actos debidos o, por el contrario, si cumplimos los actos porque llevamos clavado el atributo. No es una pegatina, es un chip. Pero debería ser otra cosa. Debería ser spam

- Determinadas actividades se desempeñan mejor con un chip puesto. No sé: policía municipal, por ejemplo. Pero qué hay de aquéllas basadas en el carnaval, en el juego. Decidme. Qué pasa con el sexo. O con la poesía.

- ¿Puede alguien que no sea poeta escribir excelente poesía? ¿Puede publicarla en, no sé, Facebook, o a rotulador en las farolas, o caligrafiarla con un pincel muy fino, y tinta caliente, sobre el pecho de su amante? ¿Puede responder ese alguien no a la pregunta ¿es la poesía tu principal interés??

- No eres un avatar. No tienes función.

- Tienes costumbres. Amores electivos. ¿Función? No, función no.

- No eres un avatar. No tienes función.

- Puede que no esté tan mal que así sea.

- No es nada personal, querido Legolas.

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