miércoles, 31 de diciembre de 2014

LISTAS SECRETAS

Increíble con qué pasión nos entregamos a las listas de lo mejor del año. No hay periodista cultural que no haya redactado la suya y analizado un buen número de las demás. Un poco después, empiezan a publicarlas los blogueros, siempre introduciendo el mensaje de que su lista es mejor que las otras, porque está despojada del elemento comercial. Incluso te aparece por las redes alguien que te vende una más pura que ninguna, porque no contiene ni márketing ni amiguetismo. Creo que los anuncios de agua mineral han hecho mucho daño, qué queréis que os diga.

Luego está lo del año fabuloso que según Facebook habéis pasado. La lista con tus mejores momentos. En este caso, el escaparate lo pone gratis Zuckerberg, pero los beneficios se los queda, cómo no. Como cuando Estrella de Levante le regala al bar el letrero. ¿Y el producto, cuál es el producto? El producto es tu vida, por supuesto. Convenientemente empaquetada en raciones de consumo individual. Gracias por haber formado parte de eso.

Y casi tan irritantes como esos cientos de listas y balances y disquisiciones sobre lo mejor del año son los cientos y cientos de comentarios sobre su banalidad, su manipulación comercial, su relación con la construcción del canon (por cierto, ¿cuál es el canon de las fotos del año facebookero? ¿los gatitos?), el reduccionismo y la obsesión por la actualidad editorial, etcétera etcétera requetetcétera. La peña se viene arriba con esto. Comprueba que su nombre no aparece en tal o cual compendio y al instante siguiente ya está citando a Zygmunt Bauman para descalificar al compilador. Semos asín.

Achas, ya hemos pasado por esto unas cuantas veces. Todos los diciembres es lo mismo. Venga, va, voy a compartir con vosotros mi lista de lo mejor del año mi receta para que tanto las listas de lo mejor del año como su refutación torticera os la crujan con devoción e intensidad.

Se trata de llevar en el bolsillo de la pechera una lista secreta.

No de lo mejor del año. De lo mejor, a secas.

Por supuesto, vuestra lista no debería tener un número determinado de elementos. Seguramente, lo que más, más me jode de las listas best of es esa determinación: que 2014 haya producido, exactamente, 10 novelas imprescindibles. Igual que 2013. Y que 2012. Y que el año que viene. Etecé. Vuestra lista estará compuesta por el número que sea de lo que sea. Pá eso es vuestra. O qué.

Tampoco es necesario llevarla en papel. Ni tampoco en el bolsillo. No es un fajo de billetes de ésos a los que los alcaldes murcianos son tan aficionados. No tiene por qué ser un objeto, ni llevarlo doblado en cuatro. Pero en la pechera sí, eh. En la pechera sí tiene que ir siempre.

Y tiene que quedarse ahí. No debéis compartirla. Ni publicitarla. Ni utilizarla. Es vuestra arma secreta. Vuestra. Arma. Secreta.

Personas, ficciones y músicas. Lugares, sabores e imágenes. No tienen que ser guai. Son cosas que no tienen que hacerte sentir por encima de nadie. Ni por debajo. No tienes que ponerte una chapita con sus nombres. El canon no puede tocarlas. Ni el hype. No están sujetas a la ley de la oferta y la demanda, no se devalúan, no generan beneficios. No sé si se pueden comprar, pero hay algo que tiene que quedar claro: no se pueden vender. Para eso están las listas públicas. ¿Que has detectado que alinearte estéticamente con este diyéi de cumbia dubstep que lo petó en el Sónar puede hacerte molar un 10% más? Pues ponlo en tu blog. ¿Que hablar bien de la poesía de la zagala ésta igual te abre las puertas de la Editorial Pichapelada? Pues redacta una reseña y mándasela a los medios de los amiguetes. ¿Que has visto en Facebook que la persona que te gusta adora a Lars von Trierrr? Pues hazte una camiseta de, no sé, Dogville y hazte el encontradizo. Si yo no digo ná. Os entiendo cuando me contáis que, para comer, hay que vender(se). Adelante.

Pero pijo, eso dejadlo fuera de vuestra lista secreta. Allí estáis solos. Podéis cerrar la puerta, poneros cómodos con todas esas cosas y, bueno, no os doy más ideas. No me lo contéis.

Porque estábamos con ese otro beneficio de las listas secretas. Que consiste en que, cuando llega alguien a venderte alguna moto, tú ya tienes una Kawa en el garaje. Y te la cruje.

No la sacas nunca, pero ahí está. O sí la sacas. La pasma corta el tráfico para ti y tú surcas a una rueda la Castellana de madrugada, como en esas leyendas urbanas juancarlistas.

Por qué no. Aquí tú eres el king.

Feliz año nuevo, achas.


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