sábado, 13 de diciembre de 2014

IN MEMORIAM XU LIZHI (1990-2014)



Xu Lizhi nació en 1990. Como el paro me ha hecho volver a la universidad, tengo muchos amigos de esa quinta, que ahora vive esa época dulce de los veintipocos. Sigo sus vidas por Facebook: salen, imaginan locuras, se enamoran y/o deprimen, escriben poesía, se hacen selfies, etcétera. Estudian. Emprenden viajes. Emigran. Se acuestan con gente, a veces incluso con barbudos treintañeros. Aprenden cosas. Toman conciencia política. Parecen estar en mil sitios a la vez. Y ser relativamente felices. Ya sé que en Facebook todo el mundo parece feliz. Pero cada vez tenemos el ojo mejor entrenado. Y éstos sí, dan el pego.

Xu Lizhi nació en 1990, y por lo tanto 2014 es el año de su vigésimo cuarto aniversario. Me acuerdo de cuando yo tenía veinticuatro. Un tipo previsible, se podía predicar de mí todo lo que he dicho en el párrafo anterior, excepto lo de acostarme con barbudos que rozaban la cuarentena. Con mi licenciatura y mi máster en ELE me dieron una beca de la AECI y me fui a enseñar español a la universidad de Sarajevo: toda la literatura sobre viajes iniciáticos, ritos de paso, Joseph Conrad y educación sentimental se resume para mí en el primer viaje en tranvía entre el aeropuerto de Ilidža y el centro de la ciudad, en la que no conocía a nadie; los olores, los sonidos palatales de la extraña lengua serbocroata y el paisaje desolado de una región en plena posguerra multiplicados por mil en los sentidos de un chavalillo de Murcia, aprendiz de poeta, recién publicado, hiperestésico y enamoradizo, que no había dormido.

Es decir: el principio de todo. El principio de mi vida. Lástima no haberme hecho ninguna selfie para el recuerdo. Haberla subido a Facebook, con la leyenda Yo tenía 20 años / y estaba loco ;)

Xu Lizhi, que nació en 1990 y que tenía veinticuatro años, se suicidó el pasado 30 de septiembre en Shenzhen. No hubo selfie, no hubo post en Facebook, no hubo ni una mísera instagram que descartar con el pulgar de la pantalla de nuestros iPhones. Xu Lizhi no tenía iPhone. Él simplemente los fabricaba. Tenía, eso sí, un cuaderno. En él anotó, la noche antes:

(...) Nadie de cuantos me conocen
habrán de asombrarse por mi partida.
Tampoco suspiréis ni os apenéis:
estaba bien al llegar, estoy bien al marcharme.

Xu Lizhi, que nació en 1990, trabajaba en Foxconn, una de las mayores industrias de hardware del mundo. Solo en China, unos 800.000 jóvenes como él, llegados del interior rural, trabajan en sus cadenas de montaje. Fabrican para Apple y otros mastodontes tecnológicos. Las condiciones son, directamente, dickensianas, con meses enteros de trabajo sin un solo día libre, jornadas alargadas por "horas extra" obligatorias hasta encadenar dieciocho seguidas, salarios de hambre, etcétera. Cada tanto, un obrero no puede soportarlo más y salta por la ventana.



La empresa no tardó en reaccionar a las críticas, tras la primera oleada de suicidios, en 2011. Instalando rejas en las ventanas:



Xu Lizhi, que nació en 1990, vio suicidarse a algún compañero. Escribió lo siguiente:

Un tornillo se cayó al suelo (9 de enero, 2014)

Un tornillo se cayó al suelo
en esta oscura noche de horas extras
verticalmente, con leve ruido
que a nadie llamó la atención.
Igual que la otra noche,
una noche igual que ésta,
cuando alguien se arrojó.

 Xu Lizhi, que nació en 1990, responde con sus escasas vida y obra al tremendo dictum de Adorno, que nació en 1903: Por desgracia, es posible escribir poesía después de Auschwitz, querido Theodor. Tu frase más memorable, por ejemplo, data de 1951.

Tan solo es necesario apretar los dientes mientras se escribe.

Como hacía, seguro que hacía, Xu Lizhi, que nació en 1990, mientras redactaba esto:

Conflicto (7 de junio, 2013)

Todos dicen
que soy un chico
de pocas palabras.
No lo niego.
Pero de todas formas,
tanto si hablo
como si no
con esta sociedad
siempre estaré
en conflicto.

o esto: 


Me duermo de pie (20 de agosto, 2011)

El papel se hace difuso delante de mis ojos.
Con una pluma de acero esculpo un negro irregular
lleno de palabras de trabajo.
Taller, línea de ensamblaje, máquina, tarjeta de fichar, horas extra, salario..
Me han entrenado para ser dócil.
No sé cómo gritar o rebelarme,
quejarme o denunciar.
Sólo sé sufrir en silencio hasta el agotamiento.
Cuando pisé por primera vez este lugar,
sólo deseaba la nómina gris del día diez.
Para ello me encadeno a mi esquina y a mis palabras.
Renuncio a faltar, renuncio a enfermar, renuncio a mis asuntos personales.
Renuncio a llegar tarde, renuncio a irme temprano.
Por la línea de ensamblaje me mantengo firme como el acero y mis manos vuelan.
¿Cuantos días y cuantas noches
habré pasado dormido de pie?

No hay comentarios:

Publicar un comentario