viernes, 3 de octubre de 2014

OVERSCORE

He llegado a la siguiente conclusión: borrar no es posible. Los errores, los cul-de-sac, las oportunidades perdidas, lo mal dicho y lo mal no dicho, lo pospuesto y lo apresurado no admiten que uno les pase una goma por encima para desaparecer como si no hubiesen ocurrido nunca. Y mira que he probado medicinas, como cantaba el amigo Jota. No. No es posible borrar. Ninguna droga o terapia alternativa o lobotomía de consumo puede ayudarte en eso. Esto es así.

Puesto que no es posible borrar, el único recurso que nos queda es el de tachar. La vida de todo el mundo es una tachadura creciente que va a parar al fundido a negro, que es el morir. Llegados a cierto punto, es difícil encontrar un espacio en blanco para apuntar un número de teléfono.

Sin embargo, me gustan las tachaduras. Los espacios en blanco están sobrevalorados, ¿no? Dejémoslos para los creativos del Ikea. Aquí copiopego unos poemas de Fernando Millán y José Miguel Ullán que encontré en el blog de Vicente Luis Mora:






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