jueves, 18 de septiembre de 2014

ANTIBIÓTICOS Y QUITAGRASAS Y OTRAS COSAS CON PREFIJOS




El día 17 del mes pasado noté un dolor agudo en la boca, y un pequeño nódulo de inflamación en la mejilla derecha.

Esa misma noche, ese dolor me despertó un par de veces.

Al día siguiente, lunes, tuve que recurrir a los analgésicos. Para el martes ya todo el lado derecho de mi cara estaba inflamado e insensible, como si todas las terminaciones nerviosas estuviesen concentradas en ese punto, justo por encima de la sexta pieza superior derecha, donde un dolor punzante y absolutamente intolerable iba irradiando todo el tiempo, día y (sobre todo) noche, sin perder un grado de nitidez.

El miércoles empecé a alternar dosis de ibuprofeno con otras de paracetamol y ácido acetilsalicílico, cada dos horas. Aún así no conseguía pensar con claridad ni concentrarme en nada. Perdí el apetito. Disponía de una ventana de 45 minutos en que la combinación de analgésicos funcionaba más o menos bien y me dejaba sobrevivir. Cada tres horas. Por la noche, los utilizaba para dormir. Durante el día, trataba de solucionar otros problemas.

El jueves la inflamación me alcanzó el paladar. Ya no podía cerrar la boca completamente. En un momento dado mi hijo Miguel me preguntó que a dónde íbamos en ese autobús y le contesté “blanco”.

No estaba en España y no tenía acceso a antibióticos. Existía un trámite para conseguirlos, pero era complejo y caro y tal vez me perdí algún punto del proceso. Hubo un momento en que una joven farmacéutica hindú, tal vez la mujer más increíble y etérea y demoledoramente bella que he visto jamás, sostuvo una caja del fármaco que yo necesitaba ante mis ojos. Un segundo después me pidió la receta, que yo no tenía, y me sentí un personaje del Mahábharata. Sí, ya sabéis, ése al que le incrustan un tornillo oxidado en las encías durante una semana.

No recuerdo gran cosa del viernes, excepto el esfuerzo que me costó terminarme la cena, un curry de microondas que se me quedó frío en la bandeja.

El sábado hice un viaje. Al entrar al aeropuerto creí, durante unos segundos, que había extraviado las cajas de analgésicos y sentí una especie de taquicardia y una humedad en los mofletes de hámster barbudo que llevaba en ese momento. Mi hijo Miguel me miró y lo vio, pero probablemente atribuyó las lágrimas a algún otro motivo y no me dijo nada.

A las 23:48 de ese mismo día, por fin, me tragué con cerveza dos comprimidos de Rhodogil 750.000 U.I./125 mg., en medio de una fiesta. Esa noche solo me desperté una vez y dos ibuprofenos de 600 mg. fueron suficientes para aplacar el tormento hasta las seis, momento en que volví a tomar dos comprimidos de Rhodogil 750.000 U.I./125 mg. A mediados de esa mañana noté que la inflamación del paladar se ablandaba y cedía. Pude comer parte de un plato delicioso de arroz con verduras de La Parranda, el único sitio abierto de uno de esos domingos postapocalípticos de Murcia en agosto. Pasé toda la tarde con un solo ibuprofeno. Por la noche mi cara de hámster había empezado a deshincharse. Alguien, mi comadre Yolanda, supongo, me dijo que dejase de dar vueltas en la rueda y viniese a comer pipas. Y me reí.

Os estoy soltando todo este rollo a modo de excipiente de una idea clave que quiero que os traguéis hasta el fondo, amigos.

Esa idea es: Rhodogil 750.000 U.I./125 mg.

Igual os hacéis misioneros, algún día. Os mandan al Amazonas, o a Indonesia, o al África en disputa con el Islam. Os vendrá bien saber esto: si conseguís que parte de la tribu pille una infección de muelas y los dejáis dar saltos y aullar durante una semana, y a continuación aparecéis y les decís que Dios viene en comprimidos de Rhodogil 750.000 U.I./125 mg, bueno, pues ya tenéis vuestros fieles. Ya podéis decirles que abran el catecismo por la página diecisiete, campeones.

Si montáis un garito de rehab y os mandan al puto niñato más recalcitrante del universo, un zagal veinteañero con papás ricos y una banda de música indie a lo Animal Collective y una muela picada, pues ya sabéis: dejadlo una semana y a continuación decidle que elija. La farlopa o el Rhodogil 750.000 U.I./125 mg. Seguro que escribe una canción sobre su experiencia con la opción be. Una nueva Lucy In The Sky With Diamonds.

Para que exista la civilización, para que nos digamos buenos días por las mañanas y acudamos a nuestros trabajos de mierda y nos introduzcamos en la boca porciones grasientas de alimento basura y nos digamos que nos queremos y llevemos a los niños al parque sin ceder a la tentación de asesinarlos, primero ha de existir el Rhodogil 750.000 U.I./125 mg. La sociedad occidental es un posible efecto secundario del Rhodogil 750.000 U.I./125 mg. Uno perfectamente descrito en el prospecto, cómo no.

Pero, ¿la literatura? No.

La literatura no es el catecismo de vuestros nuevos clientes. La literatura no es esa canción postpsicodélica escrita por el nuevo enfant terrible de la escena electrónica barcelonesa tras una experiencia trascendental que tuvo durante una fase de rehabilitación.

La literatura se parece más a que tu hijo te pregunte a dónde va ese double decker. Y que tú contestes blanco.

De espaldas a la infección no se puede escribir libros. No existe un poema con efectos asépticos. Eso no es un poema. Es Mein Kampf.

Sin embargo estamos en septiembre y algo en nuestro cerebro, seguramente la parte cableada con el calendario unificado mercantil, quiere cambios, limpieza, vida nueva, envases al vacío, reinvención, descascaramiento, filtros, aceite y libertad.

Quiere tirar la montaña de cartas y trastos de la mesita de la entrada, sacarle bien toda la roña con Cillit Bang y dejarla preparada para recibir algo perfecto y nuevo. Como una colección. Por qué no la de cascos de Star Wars.

Quiere que su vida produzca algo definido y limpio como: el casco de Darth Vader en una pequeña peana esta semana, el casco de Luke Skywalker en una pequeña peana la semana que viene, y nada más.

Que su vida deje de destilar esos montones de folletos y asuntos pendientes y llamadas perdidas y piezas rotas de juguetes que hay que arreglar pero que nunca se arreglan.

Yo es llegar el día uno de septiembre y escuchar en mi cabeza Fitter Happier. Esto:

Fitter, happier.More productive.Comfortable.Not drinking too much.Regular exercise at the gym(3 days a week).Getting on better with your associateemployee contemporaries.At ease.Eating well (no more microwave dinnersand saturated fats).A patient, better driver.A safer car(baby smiling in back seat).Sleeping well (no bad dreams).No paranoia.Careful to all animals(never washing spiders down the plughole).Keep in contact with old friends(enjoy a drink now and then).Will frequently check credit at(moral) bank (hole in the wall)Favours for favours.Fond but not in love.Charity standing orders.On Sundays ring road supermarket.(No killing mothsor putting boiling water on the ants).Car wash (also on Sundays).No longer afraid of the darkor midday shadows.Nothing so ridiculously teenageand desperate.Nothing so childish.At a better pace.Slower and more calculated.No chance of escape.Now self-employed.Concerned (but powerless).An empoweredand informed member of society(pragmatism not idealism).Will not cry in public.Less chance of illness.Tires that grip in the wet(shot of baby strapped in back seat).A good memory.Still cries at a good film.Still kisses with saliva.No longer empty and frantic.Like a cat.Tied to a stickthat’s driven intofrozen winter shit(the ability to laugh at weakness).Calm.Fitter, healthier and more productive.A pig.In a cage.On antibiotics.

Sobre todo el último verso, claro.

O ese poema de Zagajewski que tuve colgado en la pared que dice

CAMBIO 

Hace meses que no escriboni un solo poema.Vivía humildemente leyendo los periódicos,pensando en el enigma del podery en las causas de la obediencia.Contemplaba puestas de sol(escarlatas, muy inquietantes),sentía cómo callaban los pájarosy cómo la noche iba enmudeciendo.Veía girasoles que agachabanla cabeza al ocaso, como si un desatentoverdugo paseara por los jardines.En el alféizar se iba acumulandoel polvo dulce de septiembremientras las lagartijas se escondíanen los salientes de los muros.Salía a dar largos paseos,y deseaba tan solo una cosa:relámpagos,cambios,a ti.


y que siempre me ha hecho pensar en la posibilidad de que Zagajewski hubiese conocido Murcia, la expectativa de la lluvia mientras se alarga el verano, la ralentización y la aceleración simultáneas. Ch ch ch changes. Ese polvo de ese alféizar se va con Cillit Bang, Adam, colega, ya verás. Pero a ti lo de los cascos no te pega. Tú eres más de hacerte la maqueta del barco.


Y luego está todo ese asunto de los gatos y las tarjetas de crédito.

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