miércoles, 11 de junio de 2014

OCB BLUES


para Yolanda Abellón



Estuvimos discutiendo
sobre lo mismo de siempre
desde las siete de la tarde
y hacía calor.

No habíamos comido nada
junto a las doce cervezas
de marca Emdbrau.
Nos dolían la cabeza, la lengua y el corazón.

No habíamos llegado a conclusión alguna.
Recuerdo el sudor, la sensación de encierro.
Continuamente te levantabas a mear.
Yo te miraba moverte.

A eso de las dos te quedaste sin papel
de fumar
y aún no habíamos decidido nada
pero bajamos a la calle.

En silencio.

Y en lugar de dirigirnos
a la gasolinera
tomamos hacia el centro
en busca de un chino
abierto a esas horas.

Tú estabas triste y yo enfadado.
En mí, además, latía deseo.
No sé si en ti también.
Pero todo fue borrándose
en esa caminata.

Mucho después, en un barrio
del otro lado del río, lo encontramos.
El dueño contemplaba la luna,
sentado sin camiseta a la puerta
y parecía esperarnos a nosotros.

Sin mediar palabra saltó el mostrador
y sacó un librillo de OCB blue,
exactamente tu marca.

Y dijo sincuenta
séntimo.

Y tú pagaste
y nada más salir liaste un cigarrillo
y me besaste antes de encenderlo
y te alejaste fumando.

Nada más.

No sé por qué, si pienso en nosotros
después de tanto tiempo recuerdo eso,
el paseo nocturno sin palabras
por una ciudad deshabitada
que extraños vehículos azules trataban de borrar.

Las calles mojadas
(que olían a insecticida)
y el sudor de tu frente medio calva.

Al salir de mi casa éramos S. y S.
discutiendo todavía, apurando
la amargura y la tristeza del final de las historias,
dándole vueltas a todo una vez más.

Después no.

Después ya no éramos nada.

Hay un camino que sale de todo lo que eres,
rápido y sin curvas. Como sale
un pelo de un vaso de leche,
según la Torah.

Esto aprendí contigo.
Ahora digo gracias.


1 comentario:

  1. poema de esos que te transporta, porque os veo, poema de esos que yo llamo 'masticable' de puro impresionista.

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