miércoles, 21 de mayo de 2014

Si te digo la verdad, yo no sé qué significa esta felicidad que me encandila por dentro, que no comparto con nadie y que me hace sonreír en la oscuridad toda la noche. Apenas duermo y por la mañana necesito gafas de sol para protegerme de los ataques combinados del sol y de la alegría, sufro erecciones de caballo que el chándal no logra ocultar, las chicas de instituto se ríen de mí y yo me río pero no de ellas, sino porque estoy contento. Me baña la luz. No pronuncio palabra alguna en todo el día. Pero me río. Paseo por la orilla del ídem. Parezco un poeta recién publicado, un chino en un casino, un huertano en un concesionario de Mercedes, un adolescente que acaba de perder la virginidad pero aquí nadie ha follado con nadie, o al menos nadie ha follado con nadie de verdad. Metafóricamente sí: mi corazón con el universo. Y estas cosas ya se sabe cómo ocurren: uno no busca nada, sale a divertirse, se toma unas copas, ji ji jí ja ja já y quién te dice de repente se te pone a tiro la puta Vía Láctea. Y una cosa lleva a la otra. Y aquí estás.

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