sábado, 10 de mayo de 2014

MONÓLOGO DEL TOPO




La luz, la percepción de la luz, más bien, de ésta de las tardes de mayo que inunda un aire recién lavado por las brisas del fin de semana, que es la Quinta de Beethoven de la luz, si me permitís. Está o debería estar al principio de todas las cosas, bien en el centro de eso que la gramática generativa llama noema y que es la instancia prelingüística que organiza todo lenguaje, toda poesía, todo mapa del mundo. Para iluminar después el ideal, para crear con ella metáforas, para derramarla sobre el rostro de las personas que amamos o sobre el manifiesto político capaz de redimirnos a todos. Una luz dulce y concreta que siempre parece que está por decir algo o que acaba de decirlo, pero que no abandona nunca el silencio. La de los frescos minoicos o los cuadros de Van Ruysdael o de Edward Hopper. Una luz a la que volver siempre, y en ella callarse un buen rato, como si (cómo que "como si") estuviéramos buceando.

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