miércoles, 7 de mayo de 2014

LOS MODERNOS VISTEN DE PRADA



Estás, distinguido lector, leyendo este texto porque, en 2005 ó 2006 (siempre olvido el año exacto para poder meter esa o con tilde que adoro), añadí esta frase al encabezamiento de mi blog: Odia a muerte a Juan Manuel de Prada.




Yo no decía aquello muy en serio, pero me di cuenta de que la gente lo había interpretado al pie de la letra, y pensé en quitarlo. Luego pensé en la clase de escritores que borran cosas por miedo a que alguien las tome en serio, y decidí no hacerlo. Ahí sigue, procurándome nuevos enemigos día tras día. Y ahí seguirá.




En realidad, yo no odio a Juan Manuel de Prada por su literatura. Nadie debería ser odiado por algo así. No suelo, tampoco, odiar a nadie por su patinaje. Ni por su peinado. Bueno, a quién pretendo engañar. Por su peinado sí odio a tres o cuatro personas.




A Juan Manuel de Prada lo odio por ser un hipster.




Un hipster no: un überhipster.




Ni que decir tiene que esto no es lo primero que se le ocurre a uno cuando se cruza con el popular escritor, cosa que nunca me ha ocurrido pero que imagino que solo puede pasar en el Madrid más bien y casposo, como en la puerta de su casa, una de ésas del Paseo de la Castellana donde el portero va uniformado, o en el Café Gijón, o en la Catedral de la Almudena o algo así, que no soy yo madrileño ni conozco la ciudad. A Juan Manuel de Prada se lo encuentra uno un domingo por la mañana al salir de misa por el Paseo del Prado (claro), con un buen abrigo de Cortefiel o superior y del brazo de alguna baronesa (la Thyssen o superior), y lo último que piensa es: buah, vaya pedazo de hipster, nen.




De esto no me habría dado cuenta ni yo de no ser por un detalle: las gafas. Un día me topé con su agrio jeto en la prensa y me dije: joder, vaya gafas, compadre. No llegan ni a noventeras. Y pensé: aquí andamos los hipsters de buena fe añadiendo cientos de gramos de pasta a las gafas en una loca carrera hacia la modernidad, en perjuicio de nuestros pobres puentes nasales, y este pibe lleva las mismas gafas desde 1987, como si la cosa no fuera con él. Un día, el cantante de Crystal Castles o el barbudo que toca la guitarra en Black Keys se pondrán esas mismas gafas, a lo guiño revival, y los hipsters se volverán locos y eyacularán y tendrán que hacerse con las mismas, las mismísimas putas gafas de Juan Manuel de Prada, y no sabrán cómo hacerlo. Ese día, el überhipster mayor del reino las tirará a la basura y se comprará otras en alguna óptica de pueblo, un modelo que el optometrista tenía guardado en el cajón más de diez años, sin enseñárselo ya a nadie, pero que cuando vea entrar a Juanma por la puerta recordará, como en una especie de epifanía gafapástica total. Menudo es, Juanma, para estas cosas. Los modernos del 8 y medio corren, pero él (y tal vez Rouco Varela) siempre ha sido más rápido.




En nuestros tiempos, escritores enrollados y hipsters como Tao Lin apuestan por la multidisciplinareidad y el continuo salto de plataforma: que si literatura web, que si literatura-tweet, que si esto que si lo otro. Juanma es escritor, articulista, tertuliano, locutor de radio, presentador de televisión, crítico de cine, actor y nazareno.




¿Esos escritores modernillos aficionados a las voces más excéntricas, más perturbadas, como por ejemplo Jon Obeso, cuya última novela está protagonizada por un tipo que se deja comer por una colonia de moscas? Leed alguna de Juanma, troncos. Los narradores son caballeros carlistas del siglo XIX. ¡Y el efecto está súper bien conseguido!




Y qué decir de este rollo tan out de posicionarse a favor del 15M, como esos poetillas de la antología de Origami o la de Bartleby, o en contra, como Alberto Olmos. No señor. Un auténtico überhipster deja eso para el vulgo que se viste en H&M. ¿Que hay que adoptar una ideología? Pues el Antiguo Régimen (o superior).




¿Que la intertextualidad es lo más, que lo ha dicho Agustín Fernández Mallo y se ha marcado una polémica con la viuda de Borges y tal y cual? Juanma le fusiló páginas enteras a Marías en los años 90 y se fumó un puro. Bueno, no. Escribió un artículo en el que se autoindultaba con el argumento de que el robo era lícito si mejoraba al autor original. Madre mía, qué cojones tiene, el Juanma. Siempre en boca de todos. ¿Tú, moderner de pacotilla, te crees algo porque escribes en la Jot Down? Juanma escribe en Alfa y Omega. Supera eso. ¿Crees que eres radical porque has escrito en tu blog un par de frases en las que sugieres que lo último de Ben Brooks no te ha terminado? Juanma nos mira a todos a la cara y nos dice que la teoría de la evolución es un camelo y que Darwin fumaba y comía bebés.




Superad eso, hipsters of the world.




Y así que llegamos al final de este artículo. De esta confesión. Yo no odio a Juan Manuel de Prada. Me gustaría ser como él. Pero como él sólo puede haber uno. Y de ahí mi rabia y frustración.

6 comentarios:

  1. F-A-B-U-L-O-S-O… Después de esto ya no puedes escribir más sobre lo hipster: nadie puede dar por menos. Bordado está (y vaya un referente incuestionable de lo avant-garde).

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  2. buenísimo...ayy sus tertulias en la mesa de cine del Garcí...

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  3. Lo mejor es que mientras leo esto y lagruimeo de risa, me van surgiendo nuevas movidas sobre la liquidez, la posmodernez y la sociedad de espectáculo. Y feminismo, feminismo everywhere.

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  4. Tiene un libro que se llama "coños" ¿qué sabrá él?, aunque reconozco que es divertido

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  5. Sería interesante (pero traumático para la investigadora) que alguien analizase "Coños", la primera novela de Juanma, desde la perspectiva del género.

    En este sentido, voy a contar una anécdota: Juanma asistió a un congreso internacional sobre narrativas hispánicas, en Zadar, Croacia. Estaban de moda entre la juventud croata en esa época unas camisetas -bastante poligoneras- de la marca Hijo De Puta. Aún hoy, la comunidad académica y universitaria de esta pequeña ciudad dalmática recuerda con estupor las diatribas del señor de Prada sobre las camisetitas y sus portadores: lo suyo con las Madres debe de ser como para dejárselo a Jung.

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  6. Genial, brillante y absolutamente loco. Te felicito.

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