domingo, 4 de mayo de 2014

I ATE HIS LIVER WITH SOME FAVA BEANS AND A NICE CHIANTI



Últimamente ando tan espeso que hasta me llaman la atención las citas monguer del Facebook. Ya sabéis, esas imágenes tan compartidas y megusteadas donde aparece la foto en B/N de un autor famoso (con el fondo en negro) y -sobreimpresionada en blanco con una tipografía de ésas con bien de serifa- una frase puntera de ese mismo autor (o puede que de otro). Como en este ejemplo, de uno de los reyes absolutos del pollo frito aforístico que obstruye las arterias de tu timeline:


El caso es que últimamente me he visto asaltado por dos de estas, no sé, cosas. Paralelas. La primera del viejo Friedrich:

Si quieres volverte sabio, primero tendrás que escuchar a los perros del sótano.


Y la segunda del un poco menos viejo Carl Gustav:

Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad.


¿Cuál preferís? Yo personalmente me decanto por la segunda. No solo porque la desmesura de Nietzsche me produzca deseos de invadir Polonia, como en aquel chiste de Woody Allen. Sino también porque me parece que la primera pertenece a la religión y la segunda a la poesía. Y esta página va de poesía, ¿no? De poesía, oquei. Es que también colaboro con el Alfa & Omega y a veces me lío. Oquei.

Compartimos la celda -y una larga condena- con un tipo que nos mira fijamente. A algunos nos toca Torrebruno, y a otros nos toca Hannibal Lecter. No sabemos qué delito ha cometido, así que será mejor que no le quitemos la vista de encima. Que escuchemos con mucha atención las historias que cuenta. Tal vez nuestra primera intención sea ponernos a parlotear sobre que somos inocentes o sobre trapichear con la metadona o sobre que solo faltan cuatro días para nuestro vis à vis. Pero el mejor consejo es el que nos recomienda guardar silencio y escuchar. La poesía. Constituyendo este párrafo una de las más farragosas y enrevesadas alegorías jamás compuestas para referirse a la misma.

Escuchad a vuestro Hannibal. En el fondo sabéis que no habrá siesta hasta que lo hagáis. Me refiero a que leáis poesía. O gastronomía, mira, yo qué sé. A veces me pierdo un poco, con tanta metáfora.

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