sábado, 8 de marzo de 2014

UN POEMA DE JOHANN WOLFGANG VON GOETHE



Ahora siento entusiasmo en el clásico suelo,
con más encanto me habla el mundo de hoy y de antes.
Cada día hojeo, dócil, obras de los antiguos,
con mano ágil y siempre con placer renovado.
Mas me tiene en las noches el amor ocupado.
Seré así medio docto, mas dos veces feliz.
¿No aprendo acaso viendo las formas de los dulces
pechos? ¿Acariciando de cintura hacia abajo?
Ahora comprendo el mármol; reflexiono y comparo;
con mano que ve siento; veo con ojo sintiente.
Si bien horas del día me roba la querida,
las horas de la noche me da de recompensa.
No siempre nos besamos; conversamos con juicio,
y cuando ella se duerme, pienso mucho acostado.
Hartas veces he creado mis poemas en sus brazos,
hexámetros contando suavemente en su espalda
con los dedos. Respira ella en el dulce sueño
y se adentra su aliento hasta el fondo en mi pecho.
Mientras, Amor la llama nutre y piensa en los tiempos
en que el mismo servicio prestaba a su triunviros.

(Elegías romanas, V)

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