sábado, 8 de marzo de 2014

TÉCNICAS DE BÚSQUEDA DE EMPLEO PARA SALMONES




La poesía no puede cambiar el mundo, obvio. Pero puede cambiarte a ti. Será sin embargo un cambio a contrapelo. Un asalmonamiento por ensalmo. La poesía puede parar el tiempo. Pero solo para ti. El tiempo sigue su marcha mientras tú estás ahí congelado, cristalizado por un poema de Goethe. Y en ese tiempo, alguien te espera. Las tareas se acumulan. Tu currículum amarillea. La entrevista que estabas manteniendo languidece. El de recursos humanos se levanta y se va. Y te deja la cuenta.

La poesía va a dificultar que tomes las decisiones financieras más adecuadas. La poesía va a impedirte disfrutar de una dieta equilibrada. La poesía corroerá toda tu proactividad. La poesía enturbiará tu visión del mercado inmobiliario. La poesía elevará tus costes de oportunidad. La poesía afeará tu perfil de Meetic. La poesía es un pasivo en tu balance. La poesía es grasa monoinsaturada. La poesía es un bono basura.

El candidato deberá demostrar experiencia en el sector comercial, tener buena presencia, dotes comunicativas y un discurso interior luminoso y cristalino. Fluirá río abajo con determinación y alegría. Su carne no será rosada. Ni vendrá del mar.

Ese tiempo congelado corre contra ti. Un poeta trabaja la mitad y envejece el doble de rápido.

La poesía no puede cambiar el mundo. Pero, por si acaso, no toques el tema, en la entrevista.

Y hazte bien el nudo de la corbata.

Y dúchate, joder, que hueles a salitre.

Y pon cara de trucha.

Y, por lo que más quieras, nada de saltar.

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