martes, 1 de abril de 2014

GOING FETAL

La relación entre alienación y neurosis es un asunto eminentemente lacaniano, pero no es necesario leerse las obras completas de este chispeante autor francés para percibirla. La sociedad postindustrial se presenta a sí misma como una cornucopia, un catálogo de todos los goces (en sentido lacaniano, otra vez). El imperativo que ejerce sobre sus miembros-socios es, parejamente, infinito, ubicuo, contradictorio y persistente. Debes ser esto. Ahora debes ser esto otro. Con esta apariencia. O con esta. Redefínete. Hazte una selfie. Cambia de coche. Aprende espiritualidades orientales. Córtate el pelo. Viaja a Sudáfrica. Come orgánico. Alárgate la polla. Cómprate el abono del SOS y tres gramos de farlopa de la mala. Lee a Lacan.

Guy Debord ya nos informó de los terribles efectos secundarios de esta dictadura de la juventud, entendiendo juventud como la hipertrofia del proceso de construcción de la identidad, donde ésta nunca se completa. Un socio del espectáculo nunca es, nunca ya es. Sigue añadiendo habitaciones, como Lady Winchester, y duerme cada noche en una nueva. A este angustioso proceso le da el nombre de crecimiento personal. Sí, este sintagma se lo ha sacado de algún anuncio.

La neurosis es el resultado (más bien el producto) de este proceso. Está prohibido detenerse, está prohibido perder tiempo. Hay que seguir las indicaciones pero las indicaciones son contradictorias, esquizofrénicas, imposibles y categóricas. A veces se nos exige haber estado: tenemos entonces que rehacer nuestro pasado. No sé vosotros, pero a mí en esta tarea me ayudan mucho esos críticos monguer de la Rockdelux que todos los meses dicen que algo que siempre ha apestado de repente siempre ha molado, y viceversa hasta el infinito y ya veremos en el número de abril.

El síntoma es el consumo. La cura también. El consumo.

Me he dado cuenta este último par de meses. He tomado la costumbre (ya he dejado de hacerlo, adelanto) de ver series en la cama, con una tablet. Solo, con la luz apagada. El brillo de la pantalla táctil inundando la habitación de líquido amniótico, apagando el inapagable ruido interior, la rumiación, la ansiedad. Un chute de placenta a través de la wifi umbilical.

La renuncia. El retorno. El abandono.

Lo de ver series en la cama con la tablet (y no te digo nada ya pasarte las mañanas laborales viéndolas en el sofá) es un hikikomori de bolsillo, en píldoras.

Madre mía, qué colleja tengo.

Escuchad, escuchad lo que dice E.:


(Everyone is going fetal / It's the dance the kids all feel / Just get down under your desk / Feels like your mama's nest alright)

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