lunes, 3 de febrero de 2014

MANIFIESTO NEONERD



Me horroriza la reciente moda de exaltación de lo nerd. Ya reivindicaron a los freaks y a los geeks, así que no debería sorprenderme. Y bueno, no me sorprende: he dicho que me horroriza, a ver si sabemos leer. Yo fui un nerd, un caso galopante a finales de los años 80. Gafas doradas de doble puente, incipiente bigote, escasa limpieza personal, pelo extragraso. Seis horas al día pegado al Spectrum, pero no sólo jugando al Barbarian: programando Basic. Lector compulsivo de Tolkien, Heinlein, Blish y Fredric Brown, Michael Moorcock y Byron Preiss. Si me veía obligado a hablar con una compañera de clase lo hacía rápido, dando saltitos de uno a otro pie y mirando al suelo, sonriendo sin motivo. Tenía grabado en una cinta VHS algo pringosa el vídeo de Sabrina, Boys, boys, boys, y extraje de él toda mi educación sentimental y sexual (y de mi médula hasta el tuétano, al mismo tiempo). Ah, neonerds, qué me vais a contar a mí que yo no sepa. Además, ¿con cuántas chicas os habéis acostado? Pues si el número es mayor de 2, y una de ellas no es vuestra madre (retorciendo a vuestro favor los términos en que está formulada la pregunta), quitaos esas putas gafas de 200€ de la cara, que vosotros no sois, ni seréis, ni habéis sido jamás un auténtico nerd. Por suerte para vosotros.

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