miércoles, 5 de febrero de 2014

EL PLAN B



Tengo un plan. Por fin he dado con uno, qué diablos. Se trata de un trabajo de espionaje. No. Más bien un trabajo de infiltración. Me explico. Voy a convertirme, a partir de mañana, en uno de vosotros. Sé cómo hacerlo. Por la mañana me voy a pasar por la asociación de vecinos del barrio. Voy a hacer comentarios chistosos. Tienen que ser muy buenos, porque ya sé que la gente de allí me tiene fichado como el bicho raro de la calle del kiosco. Muy buenos, y también muy normales. Pero ya los tengo pensados, uno por uno, el primero sobre el tiempo (el caló queace por dióh), el segundo sobre los árboles de la zona, el tercero sobre las fuentes de los jardines, el cuarto sobre los inmigrantes que abusan de ellas, el quinto sobre la pertinencia de la asociación. Etcétera. Por la tarde me voy a inscribir en otra asociación, ésta de ocio y tiempo libre. Organizan viajes. Me voy a apuntar. Voy a llegar con una mochila de Decathlon y una camisa de Springfield y una sonrisa de gilipollas tan alucinantemente creíble que me van a acoger con los brazos abiertos, como lo que soy: uno de vosotros. Iremos a Mojácar. Haré amigos. Comentaré algo de la Liga (seré del Atleti), de pelis de superhéroes, de las chicas de la expedición. Comenzaré cada frase dándole un golpecito en el hombro al cretino que tenga delante. Es posible (solo posible) que me haga una pequeña cresta a lo Cristiano Ronaldo en la peluquería. Luego, ligaré. Elegiré a una chica al azar y le lanzaré piropos. Entonces colocaré alguna referencia de pasada a que yo paso de las tías. Me preguntarán si soy homosexual y diré: no, pero después de lo de mi ex me entran ganas. Por la noche bailaremos cosas latinas y, en un momento dado, casi al final del viaje, nos iremos juntos. Entonces empezaremos a salir. Mis nuevos amigos me dirán qué cabrón tío qué cabrón tío. Será todo genial.

También empezaré a trabajar. Vía ETT. Como reponedor de supermercado. Diré que tengo doce años de experiencia en el sector y me inventaré un millón de referencias que nadie va a comprobar. En el mismo Eroski me compraré una tele de plasma grande que te cagas para ver la Eurocopa. Invitaré a mi novia y a mis amigos. Tomaremos cubalibres. Los cuartos de final, en cambio, los veré en casa de mis suegros. Ahí conoceré a mi cuñado. Las cursivas son mías. De quién iban a ser si no.

En agosto, para las fiestas del barrio, que organiza la asociación de vecinos y la junta de distrito, iré a la verbena con mi chica y sus padres. Aún no podré coger vacaciones, pero pasaré los domingos en la playa, con mi nueva familia. Diré que la mía ha muerto, para ahorrarme explicaciones. Y ser normal.

Una noche, después de hacer el amor, Noelia me dirá que me quiere y yo me sentiré mal, empezaré a tener dudas, jugaré con la idea de suspender todo el plan. Pero sabéis qué. Seguiré adelante. Me atendré a lo planeado con un par de cojones.

Porque entonces llegará el día D. El final del verano. Ese día podré decir en voz alta: esta mierda para qué. Diré: ya soy como vosotros, y tengo exactamente las mismas ganas de suicidarme que antes. Qué coño, tengo más. La misma zozobra, el mismo insomnio, la misma angustia. Y un millón de molestias más. Sí, vale, follo, y qué. Tengo amigos, familia política, un trabajo de mierda, y qué. Os lo dije. Os dije que esto no iba a servir para nada. Qué placer, tío, decir te lo dije. Te lo dije, con todas las letras, con conocimiento de causa, con razones aplastantes. Qué guai va a ser. Mañana, lo primero, la pelu. Con esa foto en la mano. Nec spes nec metus. Como un campeón.

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