sábado, 8 de febrero de 2014

CRÍTICA Y PARACRÍTICA

No me gustaba Punset. Encontraba tramposa su fe en el determinismo biológico, y muchas veces me venían aromas reaccionarios en sus argumentos. Dejé de ver su programa hace muchos años, así que no me dio mucha pena que lo cancelasen. Le reconozco el mérito de haber enganchado a mucha gente con su actividad divulgativa. Pero me surgen muchas dudas sobre qué era lo que divulgaba. ¿Ciencia o paraciencia? ¿Filosofía o autoayuda? Todo esto lo resume muy bien Antonio Martínez Ron (partidario de siempre del presentador) en su ajustado ¿Hay vida más allá de Punset? (eldiario.es, 25/01/14)

El artículo nos lleva de cabeza al viejo debate sobre la imposibilidad de disfrutar en nuestro país de contenidos divulgativos dignos en los mass media que consigan mantener una cuota de audiencia mínima. Siempre se habla de la BBC y siempre se percibe ese estereotipo implícito sobre el subdesarrollo cultural español, capaz de confundir a Punset con un sabio, a Alejandro Sanz con un músico y a Toni Cantó con un diputado. Y es cierto que el consenso ha elevado a estos tres personajes a esas categorías, pero algo nos impide, a los afrancesados, aceptar sin malestar esas atribuciones.

¿Y qué pasa en la literatura? Si aceptamos que, tras la desaparición de La Mandrágora de Félix Romeo de la parrilla, nada bueno puede salir de la mezcla de lo literario y lo catódico, hay que saltar a internet para encontrar la pomada. Un número decente de blogs de carácter crítico, abiertos al debate, han conseguido audiencias consistentes sin tener que afrontar los problemas de independencia, espacio, medios y tiempo que sufren la televisión y las revistas. Se percibe que las editoriales cuidan más este medio que la posibilidad de una aparición anecdótica en los programas culturales de la caja tonta, y también es indiscutible que, en general, las webs no suelen caer en los clásicos nepotismo y mercantilismo de los suplementos culturales nacionales.

¿Significa esto que, aprovechando las posibilidades de internet, los aficionados a la literatura del ámbito hispánico han abierto espacios divulgativos y críticos dignos, independientes y masivos? La respuesta corta es, obviamente, no. Los matices, a continuación.

Es cierto que cualquiera puede abrir un blog y decir cosas sobre literatura y literatos que no se pueden decir en ningún otro lugar. También que el contraste entre la florida coprolalia de algunos blogueros y el aburridísimo sonsonete laudatorio de los sospechosos habituales de Babelia o El Cultural puede producir cierta adicción transitoria, por lo novedoso o lo (en apariencia) insolente de los textos. Sin embargo, es obvio que la crítica literaria es otra cosa, algo mucho más difícil y enriquecedor, pero también algo que no genera los torrentes de adhesiones incondicionales y trolleo envenenado de los blogs de grano grueso. Hace un par de años se produjo un debate muy interesante sobre este asunto que podemos resumir enlazando las opiniones de los dos Albertos, Santamaría (La crítica kitsch, 18/02/2012) y Olmos (Silencio, 05/03/2012). La obra de Olmos me gusta más, pero aquí un servidor está muy de acuerdo con Santamaría. Mucho.

¿Y todo esto a qué viene? Ya llevo cinco párrafos sin llegar a ninguna parte, ¿lo conseguiré? Voy a intentarlo. Allá voy. Lo que yo quería decir aquí hoy es que el Tongoy es Punset. Un Punset castizo, malhablado, implacable y fundamentalista. Un Punset gracioso a veces, lo reconozco, pero ¿crítico? ¿Eso es crítica? ¿Esa figura a lo Boyero? ¿Ese entrar a un museo con un puro en la boca y cara de mala virgen, diciendo éste mola, éste es una puta mierda? ¿Ese conjunto de clichés sobre las supuestas bonhomía e hipersensibilidad de los escritores con que construye sus chistes? ¿Ese sacar de contexto párrafos de una obra y copiarlos para ilustrar argumentos que no se dan en ningún momento? ¿Esas listas de lo mejor y lo peor (no del por qué) del año? ¿Es eso crítica o, no sé, paracrítica? ¿Y qué decir de sus ejércitos de trolls? ¿No se parecen a los conversos a la fe del punsetismo?

Tal vez la comparación esté un poco traída por los pelos, os lo reconozco. Pero me da igual, porque me ha servido para decir lo que venía a decir. Y sobre todo para preguntaros. Que cómo lo veis, achos.

4 comentarios:

  1. A ver, yo propongo un diagnóstico y ya luego si eso las collejas.

    1. La crítica académica no ha hecho sus deberes obligada como está a incrementar el currículo y las publicaciones y a ganar proyectos de investigación, sexenios y becas. Y no hay nada que reprocharle a nadie a este respecto porque primero hay que vivir y después ya veremos. Sigo. Su escisión con lo literario la ha vuelto (a la academia), claro, sospechosa. La corrección política y su corsé científico han agotado su lenguaje y sus posibilidades de decir, interpretar y tender puentes hacia fuera (fuera estamos todos, joder, leyendo). Así ha producido ideas y modos de mirar interesantísimos que, sin embargo, han acabado ahogados en la jerga o en el debate minimalista, escolástico, lejos de la sensibilidad (que no de la inteligencia) de cualquier lector. Además, y por instinto de conservación, la universidad ha generado para su sacerdocio un pensamiento y un canon de los cuales no han quedado libres algunos blogs, como el de la patrulla, que no han heredado su retórica pero sí su santoral.

    2. La crítica de suplementos (dejo a un lado sus guerras editoriales e intestinas) no ha sabido separarse de la actualidad. Despierta la bulimia, que no la avidez del lector. Finalmente, y para bien, su presentismo, sus listas, su canon inmediato, su velocidad y sus frases para faja editorial quedan en nada, pasto para la suspicacia, oír llover. Al enfrentar los modos de hacer de este tipo de crítica con la historia, el formalismo o las llamadas hermenéuticas de la sospecha se hace evidente su cometido: está ahí para decir no cómo leer sino para señalar qué. Esta crítica parece destinada únicamente a la baremación y esa es la trampa. Siempre es más fácil poner una nota que corregir un examen. Y cuando digo corregir, no me refiero a eso que hace Senabre en el último párrafo de sus reseñas. Ante la superabundancia librera, parecía indispensable hacerse con un mapa y recomendable buscar algunos guías. Pues no, empiezo a pensar que no. Con una superabundancia es más que suficiente.

    3. Con los dos anteriores sistemas de legitimación hechos añicos, el blog del lector, el blog del escritor con seudónimo y el blog del bloguero terroristo han venido a entrar en liza por el espacio vacío. En todos estos casos, haría una distinción de las de golpear con el cayado y separar las aguas en dos: los hay maravillosamente bien escritos, y con esto quiero decir que los hay con pulso e ideas (Malherido, La hora del lobo), y los hay (muchos) que cumplen con la patética (de pathos) función de las ejecuciones públicas: el lector espera enfebrecido, babeante, la descarga del verdugo. Ocurre, sin embargo y muchas veces, que el verdugo ni siquiera va armado y a lo que uno asiste es a los palos de ciego de una partida de piñata. Blogs que se mueven entre la audacia y el efectismo populista (de esto, sobre poco más o menos, ya habló Santamaría y ya le contestó Olmos y los dos muy bien). Blogs que transmiten una ansiedad casi constante por generar polémicas. Y espuma, mucha espuma.

    A todo lo anterior sumo ahora un elemento que, de manera muy intensa, se pone en juego en 1, 2 y 3: la creación o mantenimiento de una identidad o de una firma, lo que equivale a la creación y mantenimiento de una audiencia y, con ello, al logro de una simbólica pero engatusadora cota poder.

    Y ya después, pues eso, que es más fácil y muchísimo más gracioso hacer un chiste o teclear una ocurrencia que formular un argumento.

    Finiquito: en la mayoría de los blogs literarios que he frecuentado (yo qué sé, veinte) se hablaba mucho más de libros que de literatura (entiéndaseme, por favor). Ahora apenas visito dos o tres o ninguno, sé lo que me pierdo, sé perfectamente lo que gano. No quiero resultar apocalíptico, no lo soy, ni me interesa, se trata tan solo de un momento de descanso y de higiene.

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