domingo, 19 de enero de 2014

POESÍA Y NEUROSIS

Si estáis leyendo estas líneas pertenecéis a un grupo de riesgo. Pero quién no pertenece a uno u otro grupo de riesgo de padecer neurosis, la enfermedad de Occidente, tan cool y postmoderna que el daño te lo infliges tú mismo y las herramientas las compras de saldo en cualquier gran superficie de la cultura popular, como una especie de Ikea de la patología mental.

Básicamente, la neurosis es horror vacui. En algún momento de nuestra infancia, por el motivo que sea, tratamos de aliviar una sensación de abandono llenándola de palabras, y esa rumiación nos hace sentir un poco mejor. Nos administramos un medicamento cuyo compuesto activo es un veneno lento, angustia para curar la angustia. Y nos hacemos adictos.

Insomnio, sobreanálisis, parálisis, hiperestesia, fobia social... ¿os suenan de algo? Nuestro mecanismo de "defensa" (sic) consiste en encerrarnos en una habitación interior y ensayar un monólogo dañino e inacabable que gira sobre sí mismo como una cinta de Möbius. Da igual que estemos tratando de dormir o en medio de una fiesta.

Puede que nos cansemos de ser un puto giroscopio interno y tratemos de frenar a cualquier precio esa vía recurrente de escape. Puede que recurramos a la farmacología (sic). Queridos amigos: cuidado con la farmacología.

Sin duda la solución más valiente es la poesía, que consiste en entrar sin escudo hasta el centro del remolino y tratar de poner orden y dirección en ese maremágnum emocional, darle un sentido al río de palabras, convertirlas en algo transmisible, en un objeto. Escribir un poema detiene por un rato la agresión, porque las armas arrojadizas devienen materiales de construcción. ¿Construcción de qué? Tal vez del poema más tenebroso de la historia, de acuerdo. Pero al menos estará fuera, al menos no servirá únicamente contra nosotros.

Es casi un tópico declarar que esa batalla está perdida de antemano y que la poesía es un arma muy pobre si nuestra mente y nuestra cultura se empeñan en convertirnos en ordenadores averiados o en eremitas solipsistas del culto del hiperanálisis. En este punto se impone leer el siguiente poema de Roberto Bolaño, y callarse a continuación:

RESURRECCIÓN

La poesía entra en el sueño
como un buzo en un lago.
La poesía, más valiente que nadie,
entra y cae
a plomo
en un lago infinito como Loch Ness
o turbio e infausto como el lago Balatón.
Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.
La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.             

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