lunes, 13 de enero de 2014

LA CASA DE HOJAS / MARK Z. DANIELEWSKI (PÁLIDO FUEGO/ALPHA DECAY, 2013)


De esta novela tuve noticia hace unos diez años, cuando, tras publicarse en Estados Unidos, generó un tremendo hype y se ganó el inevitable apelativo de novela de culto. Leí sobre ella. Se la consideraba intraducible dado el número de juegos textuales, tanto lingüísticos como paralingüísticos. Aprendí el significado del término “literatura ergódica”, que me ha venido muy bien desde entonces para entenderme no solo con Danielewski, sino con J.J. Abrams o Vicente Luis Mora, por ejemplo.

También me enteré del argumento. Un vistazo a la página de la novela en la Wikipedia es suficiente. Una casa que se descoloca, que se añade pasillos, bóvedas y escaleras de caracol en inmensos espacios que no deberían estar ahí, pero están. Y, encima, sin ventanas.

¿Esto de qué va, entonces? ¿Es una especie de El Resplandor para gafapastas? Sí. Exacto. ¿Con muchas notas a pie de página? Sí. Muchísimas. Y algunas con otras notas, a su vez. ¿Y juegos borgianos? Oh, sí, colega. Juegos borgianos a cascoporro: citas de obras ficticias, interpolaciones, manuscritos encontrados, léxico académico, citas en griego y en latín… Todo eso envolviendo (y acrecentando) un horror central de los de no poder dormir en un mes. Exactamente como Borges. Exactamente.


¿Os la recomiendo? Sí. ¿Es la mejor novela del siglo? No. ¿Es un digno ejemplar de la especie de Ulises o Rayuela? No, es un milleches. ¿Cuánto vale? Veintinueve leuros del ala. Acho, pues no sé. Pues tú mismo, tron, que yo no soy crítico literario, y esto lo hago pá reírme.

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