jueves, 16 de enero de 2014

CHOMSKY VS. FOUCAULT


El debate entre Chomsky y Foucault de noviembre de 1971  es, en el mundo de la filosofía, como el Mohamed Alí contra Foreman de Kinsasha en 1974. El gran clásico. La cumbre de este deporte, y que me perdone quien se ofenda.

La charla estaba llena de elementos situacionistas, dada la proximidad y el prestigio del entonces reciente Mayo del 68. El presentador trataba de conseguir que los invitados se pusiesen unas pelucas rojas, y todos (excepto Chomsky, claro) estaban bajo el efecto de alguna droga. Foucault pasó meses riéndose de Noam a cuenta de un paquete de hachís que le regalaron ese día. Mientras se lo iba fumando con sus amigos, se referían a él como el hachís de Chomsky.

No solo en las pelucas y el polen flotaba el sesentayochismo en la reunión. El odio a lo obvio, a los lugares comunes, se hacía sentir. En parte, la incapacidad de Foucault de aceptar mínimamente los planteamientos de Chomsky se debió a que sonaban normales. Y así se enzarzaron. Se discutía sobre el poder y la justicia (una discusión que llega hasta hoy, oh si llega hasta hoy ). Foucault hablaba de lo primero, de sus desplazamientos, de sus formas sutiles, de su ubicuidad. Pero muy poco de lo segundo. Chomsky, un tipo de tradición anarquista, defendía ese valor, que para Foucault era un concepto subjetivo, dictado ad hoc por el poder. 

¿Describir o denunciar? Cuarenta años más tarde, Foucault sigue peleándose con Chomsky en las mesas de novedades de las librerías. Siguen hablando de literatura. Y gana el francés, claro, por goleada. Pero en una de éstas, quién te dice.

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