martes, 21 de enero de 2014

CÉSAR RENDUELES - SOCIOFOBIA (CAPITÁN SWING, 2013)


No me he propuesto hacer una serie de entradas sobre patologías literarias. Simplemente surgen, por qué será. Hoy le toca el turno a la sociofobia, término con el que Rendueles actualiza lo que conocíamos como misantropía.

En este libro no se habla explícitamente de literatura ni de literatos, pero es fácil extrapolar. De alguna manera, en el centro del texto está la advertencia de que la posmodernidad ha transformado el viejo dictum de Publio Terencio Africano, Homo sum, humani nihil a me alienum puto (soy humano, y nada humano me es ajeno) en todo lo contrario. Los misántropos y los inadaptados son ahora los reyes del baile, y su feroz individualidad, que en otros tiempos era un mal síntoma, es ahora el valioso coltán con que se construye la literatura avanzada. Estoy pensando en Tao Lin, en la delicada poética entomológica con que disecciona las disfunciones del presente. O en Palahniuk, su incesante búsqueda de heterogeneidad para alimentar su circo de monstruos. O en Coupland, santo patrón de geeks y nerds (del mundo, uníos). Los personajes de estos y otros novelistas postmodernos tienen en común dos cosas: la adicción a internet y la sociofobia. Tratan de curar la una con la otra. Obviamente, empeoran.

Rendueles nos demuestra que el cibermundo 2.0 es una prótesis que posibilita la vida de los sociófobos, pero al mismo tiempo hace crónica su enfermedad, creando la ilusión de una comunidad auténtica donde no hay más que débiles redes de intereses comunes que se forman y se deshacen a gusto del consumidor, sin compromiso ni vínculo. Yo leo esto y pienso en la vocación literaria, que muchas veces nace de la inadaptación adolescente. Pienso en qué diferencia a un literato de un hikikomori de baja intensidad, si tenemos en cuenta las muchas horas que pasa encerrado delante del ordenador. Visualizo a escritores tratando de escribir algo y mirando facebook cada cinco minutos, para comprobar si alguno de esos cientos de amigos escritores que en esos momentos también tratan de escribir algo han puesto algún chiste. Y no tengo que hacer muchos esfuerzos para visualizar todo eso, no creáis.

Internet es muchas cosas buenas. También es un ombligo. Si escribes, si tu utopía es amniótica, bueno, amigo, cuidado con los ombligos, entonces. Todos sabemos en qué se convierte la literatura cuando se escribe con este simpático muñón que tenemos en la panza,

Vamos, que salgas a la calle. Te lo decimos Rendueles y yo, que ya me lo he leído. Y ya que estás abajo, invítate a unas cañas.    

No hay comentarios:

Publicar un comentario