viernes, 10 de enero de 2014

BARRIGAS Y PELUCAS

Uno de esos trolecillos de internet coloca un comentario sin desperdicio en mi muro de Facebook, llamándome con toda la ironía del mundo "poeta maldito". Al pibe le parece mal: a/ que yo haya ganado premios; b/ que me guste hacerme fotos con pelucas; c/ que tenga pareja y d/ que se me note la "cómoda barriga" (sic). Pocas veces me han llamado burgués con tan poca sutileza. Le respondo con un cómodo "Gracias por lo de 'maldito'".

El asunto me ha hecho pensar. Primero con nostalgia, recuperando el tiempo en que yo mismo iba por la vida viendo falsos poetas malditos por todas partes, y burgueses acomodados sin nada que decir ni desde lo ético ni desde lo estético, apuntalando el canon a base de lugares comunes y cobrando dietas por hacer de jurado.

Sigo siendo así.

Segundo con ternura, por el trol y por mí, por lo equivocados que estamos, por las muchas patas de sofá con que chocan nuestros ingenuos meñiques desnudos. Enterarte, en pleno subidón de fandom, de que Luis Alberto es secretario de estao, y García Montero catedrático y presidente de todo, o de que Justo Navarro tiene panza y está calvo, o de que Gil de Biedma.... bueno, a Gil de Biedma dejémoslo aparte. Visualizar a Bolaño dando el cambio en su tienda de souvenirs, o haciendo el friqui entre los aficionados a los wargames de Blanes, duele. Este no es Arturo Belano, ¿verdad?

Ternura por nuestras expectativas, por nuestra tonta esperanza. Porque leímos Los nadadores o La caja de plata o Los detectives salvajes y creímos. Oh, creímos que la literatura podía salvarnos. Creímos que había un espacio para la vida a refugio del mercado y la banalidad y la servidumbre, y que podía accederse a él a través de los libros.

Antes de que esa fe se disuelva en rituales, antes de que terminemos apuntalando nosotros también no sé qué canon y antes de que digamos en público que la poesía es no sé qué soplapolleces que se nos ocurran, seremos trolls e insultaremos a todo el mundo. Como infrarrealistas mexicanos borrachos colándose en recitales de Octavio Paz. Qué más dará si somos justos o injustos, mientras sigamos defendiendo esa esperanza.

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