miércoles, 31 de diciembre de 2014

LISTAS SECRETAS

Increíble con qué pasión nos entregamos a las listas de lo mejor del año. No hay periodista cultural que no haya redactado la suya y analizado un buen número de las demás. Un poco después, empiezan a publicarlas los blogueros, siempre introduciendo el mensaje de que su lista es mejor que las otras, porque está despojada del elemento comercial. Incluso te aparece por las redes alguien que te vende una más pura que ninguna, porque no contiene ni márketing ni amiguetismo. Creo que los anuncios de agua mineral han hecho mucho daño, qué queréis que os diga.

Luego está lo del año fabuloso que según Facebook habéis pasado. La lista con tus mejores momentos. En este caso, el escaparate lo pone gratis Zuckerberg, pero los beneficios se los queda, cómo no. Como cuando Estrella de Levante le regala al bar el letrero. ¿Y el producto, cuál es el producto? El producto es tu vida, por supuesto. Convenientemente empaquetada en raciones de consumo individual. Gracias por haber formado parte de eso.

Y casi tan irritantes como esos cientos de listas y balances y disquisiciones sobre lo mejor del año son los cientos y cientos de comentarios sobre su banalidad, su manipulación comercial, su relación con la construcción del canon (por cierto, ¿cuál es el canon de las fotos del año facebookero? ¿los gatitos?), el reduccionismo y la obsesión por la actualidad editorial, etcétera etcétera requetetcétera. La peña se viene arriba con esto. Comprueba que su nombre no aparece en tal o cual compendio y al instante siguiente ya está citando a Zygmunt Bauman para descalificar al compilador. Semos asín.

Achas, ya hemos pasado por esto unas cuantas veces. Todos los diciembres es lo mismo. Venga, va, voy a compartir con vosotros mi lista de lo mejor del año mi receta para que tanto las listas de lo mejor del año como su refutación torticera os la crujan con devoción e intensidad.

Se trata de llevar en el bolsillo de la pechera una lista secreta.

No de lo mejor del año. De lo mejor, a secas.

Por supuesto, vuestra lista no debería tener un número determinado de elementos. Seguramente, lo que más, más me jode de las listas best of es esa determinación: que 2014 haya producido, exactamente, 10 novelas imprescindibles. Igual que 2013. Y que 2012. Y que el año que viene. Etecé. Vuestra lista estará compuesta por el número que sea de lo que sea. Pá eso es vuestra. O qué.

Tampoco es necesario llevarla en papel. Ni tampoco en el bolsillo. No es un fajo de billetes de ésos a los que los alcaldes murcianos son tan aficionados. No tiene por qué ser un objeto, ni llevarlo doblado en cuatro. Pero en la pechera sí, eh. En la pechera sí tiene que ir siempre.

Y tiene que quedarse ahí. No debéis compartirla. Ni publicitarla. Ni utilizarla. Es vuestra arma secreta. Vuestra. Arma. Secreta.

Personas, ficciones y músicas. Lugares, sabores e imágenes. No tienen que ser guai. Son cosas que no tienen que hacerte sentir por encima de nadie. Ni por debajo. No tienes que ponerte una chapita con sus nombres. El canon no puede tocarlas. Ni el hype. No están sujetas a la ley de la oferta y la demanda, no se devalúan, no generan beneficios. No sé si se pueden comprar, pero hay algo que tiene que quedar claro: no se pueden vender. Para eso están las listas públicas. ¿Que has detectado que alinearte estéticamente con este diyéi de cumbia dubstep que lo petó en el Sónar puede hacerte molar un 10% más? Pues ponlo en tu blog. ¿Que hablar bien de la poesía de la zagala ésta igual te abre las puertas de la Editorial Pichapelada? Pues redacta una reseña y mándasela a los medios de los amiguetes. ¿Que has visto en Facebook que la persona que te gusta adora a Lars von Trierrr? Pues hazte una camiseta de, no sé, Dogville y hazte el encontradizo. Si yo no digo ná. Os entiendo cuando me contáis que, para comer, hay que vender(se). Adelante.

Pero pijo, eso dejadlo fuera de vuestra lista secreta. Allí estáis solos. Podéis cerrar la puerta, poneros cómodos con todas esas cosas y, bueno, no os doy más ideas. No me lo contéis.

Porque estábamos con ese otro beneficio de las listas secretas. Que consiste en que, cuando llega alguien a venderte alguna moto, tú ya tienes una Kawa en el garaje. Y te la cruje.

No la sacas nunca, pero ahí está. O sí la sacas. La pasma corta el tráfico para ti y tú surcas a una rueda la Castellana de madrugada, como en esas leyendas urbanas juancarlistas.

Por qué no. Aquí tú eres el king.

Feliz año nuevo, achas.


lunes, 29 de diciembre de 2014

I WILL ALWAYS LOVE YOU




¿La gilipollas ésta piensa venir esta tarde o qué?, se pregunta Kevin Costner mientras apura un café llamado "double decaf organic soy cream macchiato" en la terraza de un hotel de medioalto estánding de Beverly Hills. A lo mejor el café no se llama así. A lo mejor es un café con leche normal y corriente, pero mirad: es Kevin Costner, es Beverly Hills. Nuestros ojos convierten en maravilla cuanto tocan, no al revés.

Me cago en la hostia con la hija de puta ésta de mis cojones. Veinte minutos. Quién pollas se ha creído que es. La voy a hundir. A ella y al pichafloja de la agencia de medios. Que se olvide de hablar conmigo, con Tom, con Lauren y con Matthew a partir de ahora. Hijo de puta. Hijo de puta. Hijo de puta. Necesito algo fuerte, piensa Kevin Costner mientras contempla una bellísima puesta de sol sobre el Pacífico. La brisa es tan leve a esta hora de principios de verano que casi se puede oír algo de Jobim. Que no es que esté puesto en el hilo musical del hotel. Es la brisa la que lo trae. Junto a unas cuantas aspirantes a actriz más lindas, más llenas de gracia, etcétera.

- Por favor, un Stolichnaya doble en un vaso frío. NO CON HIELO. En un vaso frío, por favor.
- Enseguida, señor Costner.

"Señor Costner". Había que añadir lo de "señor Costner". Te va a faltar tiempo para contar por el jodido Facebook que le has puesto un vodka a las siete de la tarde al señor Costner, hija de puta. Ya le estás haciendo una puta Instagram. Bueno, pues que te follen, mierda seca. Mejor que no te den nunca ninguna basura de papel, porque, como te vea por ahí, voy a hacer que lo pierdas. Voy a hacer que te lo quiten y, cuando salgas hecha mierda del estudio, me voy a parar en mi Infiniti junto a tu culo gordo y te voy a  recordar tu afición a Instagram. Puta. Joder, tengo palpitaciones. ¿Cuántas horas han pasado desde la última? Bueno, da igual. La necesito. Ay, joder.

Dios, espero que no me haya visto las pastillas. Lo que me faltaba ya. Instagram con vodka, Instagram con lorazepam. Me cago en dios. Tengo que llamar al gilipollas de Kieran. Que monitorice las redes. Si alguien me menciona junto a una foto con alguna sustancia, que se ponga en contacto con el hotel. Que los amenace con una demanda kamikaze. Que deje caer algún apellido pesado. Que la zorra ésta tenga que mudarse a Nuevo México si quiere volver a trabajar.

Pero ¿DÓNDE ESTÁ ESTA HIJA DE PUTA? MEDIA PUTA HORA ESPERANDO A UNA PUTA PERIODISTA. Al imbécil de Clooney no le pasa, me cago en dios. Ah, porque él está con García. Una agente de medios con dos cojones. No como el oligofrénico de mierda que tengo yo.

Mientras Kevin Costner piensa todo esto, anchos cirrocúmulos anaranjados avanzan hacia el norte ante el crepúsculo, unas millas mar adentro. La vista es tan hermosa que los turistas se acodan en la baranda del paseo marítimo para fotografiarla. Hasta las patinadoras en bikini detienen su marcha arrolladora un momento. Kevin Costner aprovecha para posar su lábil mirada sobre esos bikinis hasta que reconoce a dos mujeres que avanzan hacia el hotel, seguidas por un cámara. En ese momento, se mete debajo de la mesa. La mesa tiene un mantel bastante generoso y Kevin Costner recoge los pies, así que no se le ve en absoluto. Saca la mano un momento, tantea con ella hasta que agarra su vaso de vodka, la vuelve a recoger.

Dios no dios no dios no dios no dios no. Esta vez la ha cagado el mierdaseca éste PERO DE VERDAD. Pero qué coño es esto. La. Puta. Whitney. Houston. Del brazo de la periodista "alternativa" que me han buscado. Oh dios. Dios. Ya lo veo. Quiere grabar "el reencuentro" para su PUTA MIERDA DE PÁGINA WEB. Quiere vender mi cara de sorpresa y la cara de, bueno, de yonqui de Whitney Houston tratando de besarme. HABLÁNDOME DEL PASADO. Me lo tenía que haber imaginado, hostias. Lleva desde principios de año contándole lo de su "recuperación" al primer gilipollas que le pague la cuenta de la farmacia. Joder. Copón. Con esos ojos suyos de ir hasta el culo de Benadryl. Diciendo que ha visto a Jesús. Me cago en dios.

Pero es que quien se lo tenía que haber imaginado es el hijo de cien perras de Lars, porque PARA ESO LE PAGO, ME CAGO EN DIOS.

Madre mía, joder. A ver cómo hostias salgo de ésta ahora. Ay madre. Las jodidas palpitaciones. Por qué no paran. Qué hago yo ahora. Mierda. ¿No tenía yo un mantra o como se diga? Coño, cómo era. Solo había que repetirlo, ¿no? ¿O había que ponerse de alguna postura? Sí, bueno, si me tengo que encoger más se me rompen las articulaciones. Me cago en dios.

Mierda, ya vienen. Son ellas. Hostia, qué voz trae, la Whitney. Se le pone así con el Xanax. Es como si a sus cuerdas vocales se la crujiese todo. No me jodas. No me jodas QUE VAN A SENTARSE AQUÍ. Míralo. Ahí están. Entero. Y los flashes. Se han traído detrás de ellas hasta al último turista del paseo. Me cago en dios cien veces. De ésta acabo de trending topic. Ahora que me sé de unos cuantos que van al paro RÁPIDO, COÑO. Como me dé un ataque de ansiedad me tienen que recoger en grúa. La hostia puta, qué manera de cagarla. A ver. Vale. Joder, macho. Keep your fucking act together, man. Venga, vamos a concentrarnos. Recapitulemos. Lo más importante: no perder los nervios del todo. El mantra, piensa en el mantra. Mieeeeeeeerda, cómo era. Mamamé. Vale, mamamé, da igual. Mamamé. Mamamé. MAMAMÉ. MAMAMÉ. MAMAMÉ. MAMAMÉ.

¿Qué se siente al volver, querida Whitney Houston?

Se siente paz, Judith. Paz, y el equilibrio que aporta haber luchado con dragones, y haberlos vencido. Sí. Se siente como un soldado que regresa a casa de una guerra vencida. Exactamente así.

¿Cómo te reciben las personas de, digamos, tu pasado?

Pues verás, he comprobado que cada una ve en mí lo que deseaba que yo fuera. Quien me quería, quien me admiraba sinceramente, quien amaba mis canciones, me abraza. Entiende que he vencido a fuerzas muy poderosas, y cree en mí. En cambio, quienes me envidiaban, o quienes trataban de utilizarme, o quienes se sintieron despechados por mi causa me miran y no quieren aceptar que yo haya conseguido vencer a mis fantasmas. No ven mi espíritu. Ven mi fantasma. Así.

¿Y cómo crees que te recibirá Kevin Costner?

Ja ja ja. El señor Kevin Costner pertenece, sin la menor duda, al segundo grupo, amiga Judith.

Oh, vaya. Los fans de El guardaespaldas se sentirán desilusionados, querida Whitney Houston. Tal vez esta entrevista arruine la imagen que tenemos de ti siendo rescatada en brazos por Kevin Costner. Pero tal vez también nos ayude a ver a la mujer que hay tras la famosa, ¿no crees, Whitney Houston?

No hay ninguna mujer tras la famosa, amiga Judith. O bueno, sí, hay una mujer, pero está muerta en una bañera. Acuérdate.

(Casi imperceptiblemente, Judith abre mucho los ojos durante una centésima de segundo y le hace una señal al cámara que significa "¿HAS GRABADO ESOOOO?")

El público recuerda perfectamente, Whitney Houston. Ocurrió aquí, ¿no es cierto? En la suite del tercer piso.

Sí.

MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ

En www.palidpink.com nos ha parecido buena idea organizar todo para que tu reencuentro con Kevin Costner se produjese justo aquí. ¿Qué piensas tú de eso, Whitney Houston?

Francamente, querida, no podría importarme menos.

¿Crees que la historia de tu..., bueno, accidente le da al hotel un aura, digamos, gótica?

Tú pon que sí a todo, ¿vale? Aura gótica, madre mía. Soy una mujer negra de cuarenta y ocho años con un agujero en el tabique nasal por el que cabe tu Hyundai. A mí no me hables de auras góticas. Creía que habíamos quedado aquí con Kevin Costner.

MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ

Es posible que el señor Kevin Costner no se presente, por desgracia. Estoy tratando de localizar a su agente de medios, pero entenderás que se trata de un hombre con una agenda muy apretada.

Y con muchos fans.

Pues sí, supongo que aún los tiene, es verdad.

Y con problemas. Problemas clínicos.

Antes de que sigas por ese camino, querida Whitney Houston, tengo que hacerte saber que el señor Kevin Costner tiene más abogados que problemas clínicos, y que mi página web todavía no dispone de, digamos, asesoría legal. Todo lo que comentes acerca de ese tema será editado antes de que la entrevista aparezca online.

A Kevin Costner seguro que le encanta que defiendas su imagen de esa manera, amiga Judith.

¿Se lo vas a decir, Whitney Houston?

Lo está escuchando en este mismo momento.

MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ

¿Que lo está escuchando? ¿A qué te refieres, Whitney Houston?

Kevin Costner está debajo de esta mesa, querida Judith. Con las piernas encogidas.

MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ

JAJAJAJAJAJAJA, Whitney Houston.

Y muerto de miedo, también. Ya hace un rato que se le acabó el vodka. Se está meando, además. Y sufre. Sufre todo el rato, todos los días.

MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ

JAJAJAJAJAJAJA, Whitney Houston.

Necesita que alguien venga y lo coja en brazos y se lo lleve de aquí.

MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ MAMAMÉ

JAJAJAJAJAJAJA, Whitney Houston.

Pero eso no puede ocurrir.

martes, 23 de diciembre de 2014

Y TÚ ME LO PREGUNTAS




Seré muy breve, como dice Nacho Vegas.

La poesía es el grado cero de la alienación.

Se la emparenta con el sueño, con la infancia, con los estados alterados de conciencia, con la contemplación, con el silencio, con la música, con la parte de la vida que escapa al vértigo del absoluto presente o, al revés, con el absoluto presente.

Dime con qué relacionas la poesía y te diré qué entiendes por alienación, de espaldas a qué te colocas cuando la defines, lo que es lo mismo que decir: de qué esperas que te cure.

Por supuesto, el menda vale como ejemplo. Y también este artículo: yo es que es empezar a hablar de poesía y sacar del estuche mi léxico marxista de toda la vida.

Ya, ya sé que voy a tener una vejez muy mala.

Ay, míralos, a los poetas, qué bonicos ahí al sol, en el parque, manteniendo encendidos debates epistemológicos desde sus sillas de ruedas.

Está usted hecho un chaval, me dirá alguien, en un tono de voz un poco demasiado alto, como el que usamos con un sordo.

Y yo contestaré: No estamos hablando de mi estado de salud, perfecto imbécil. Te estoy hablando de Gramsci, ¿entiendes? ¡De Gramsci!

Pero no se me entenderá muy bien. Se me verá agitado y un poco rojo. Otro alguien me repetirá le tengo dicho que no se altere y me meterá otra pastillita en la boca. La poesía, entonces, dejará de ser Gramsci y pasará a ser oxazepam. La luz del sol entre los árboles aterrizará en mi manta de cuadros. Como un haiku. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

MAIS SAMBA

Yo quería liarme la manta a la cabeza y redactar hoy para este medio un pedazo de post de cinco mil palabras capaz de haceros reír - llorar, emocionaros, tocaros la fibra, iluminaros y cambiar vuestra mente para siempre, pero me ha dao un perezón y no va a poder ser. Lo que pasa es que los materiales ya los tenía encargados y el tío del furgón me está taladrando el teléfono toda la mañana, así que los voy a dejar aquí de cualquier manera:

- En los juegos de rol para ordenador, los llamados MMORPG, uno siempre empieza por construirse un personaje. Escoge la raza, la clase, las habilidades especiales, las destrezas. Escoge hasta el tono de la piel, el peinado y el color de los ojos. Cuando empieza a jugar, una cosa está clara: su avatar es un elfo explorador de visión nocturna y +10 de camuflaje, moreno con flequillo emo y ojos, yo qué sé, turquesa.

- La vida no es un MMORPG. Ni tú un avatar.

- "La Coca-Cola / siempre es igual. / Pero yo no, / yo puedo cambiar.". Han pasado veintidós años y se me siguen poniendo todos los pelos de punta cuando escucho a Kiko Veneno cantar esos cuatro versos, que para mí están a la altura de determinados poemas de Goethe, Jayyam o Eliot. Al final de la canción la coda cambia: "La Coca-Cola / siempre es igual. / Yo a veces tampoco / puedo cambiar.". Ay, madre.

- "Cambiar", en el sentido que le da el Kiko, no es sinónimo de "reinventarse". Es casi, casi lo contrario. Significa que no somos estampas, que no somos una máquina que o a/ sirve para cumplir su función específica o b/ está rota. No significa que podemos "reciclarnos" (qué horrorosa neolengua usa el márketing para hablar de la vida humana, cohone) y convertirnos de súbito en otra máquina totalmente diferente que ejerce otra función. No. Porque

- La vida no es un MMORPG. Ni tú un avatar.

- No eres un avatar. No tienes función.

- "Ser poeta" / "Dejar de ser poeta" / "Hacerse poeta" / "Yo era poeta, y ahora soy novelista". No me gustan esos términos. Sí, claro que los uso, pero nunca, jamás, bajo ningún concepto me olvido de que:

- No eres un avatar. No tienes función.

- El atributo. La función. La pegatina en el pecho que te identifica como bombero, auditor de sistemas, reponedor de supermercado o poeta. No es una pegatina, es un chip. No es adhesivo, va clavado. Pero no son clavos, son cables. No se sabe qué fue antes, si el huevo o la gallina. Y tampoco si llevamos el atributo porque cumplimos los actos debidos o, por el contrario, si cumplimos los actos porque llevamos clavado el atributo. No es una pegatina, es un chip. Pero debería ser otra cosa. Debería ser spam

- Determinadas actividades se desempeñan mejor con un chip puesto. No sé: policía municipal, por ejemplo. Pero qué hay de aquéllas basadas en el carnaval, en el juego. Decidme. Qué pasa con el sexo. O con la poesía.

- ¿Puede alguien que no sea poeta escribir excelente poesía? ¿Puede publicarla en, no sé, Facebook, o a rotulador en las farolas, o caligrafiarla con un pincel muy fino, y tinta caliente, sobre el pecho de su amante? ¿Puede responder ese alguien no a la pregunta ¿es la poesía tu principal interés??

- No eres un avatar. No tienes función.

- Tienes costumbres. Amores electivos. ¿Función? No, función no.

- No eres un avatar. No tienes función.

- Puede que no esté tan mal que así sea.

- No es nada personal, querido Legolas.

sábado, 13 de diciembre de 2014

IN MEMORIAM XU LIZHI (1990-2014)



Xu Lizhi nació en 1990. Como el paro me ha hecho volver a la universidad, tengo muchos amigos de esa quinta, que ahora vive esa época dulce de los veintipocos. Sigo sus vidas por Facebook: salen, imaginan locuras, se enamoran y/o deprimen, escriben poesía, se hacen selfies, etcétera. Estudian. Emprenden viajes. Emigran. Se acuestan con gente, a veces incluso con barbudos treintañeros. Aprenden cosas. Toman conciencia política. Parecen estar en mil sitios a la vez. Y ser relativamente felices. Ya sé que en Facebook todo el mundo parece feliz. Pero cada vez tenemos el ojo mejor entrenado. Y éstos sí, dan el pego.

Xu Lizhi nació en 1990, y por lo tanto 2014 es el año de su vigésimo cuarto aniversario. Me acuerdo de cuando yo tenía veinticuatro. Un tipo previsible, se podía predicar de mí todo lo que he dicho en el párrafo anterior, excepto lo de acostarme con barbudos que rozaban la cuarentena. Con mi licenciatura y mi máster en ELE me dieron una beca de la AECI y me fui a enseñar español a la universidad de Sarajevo: toda la literatura sobre viajes iniciáticos, ritos de paso, Joseph Conrad y educación sentimental se resume para mí en el primer viaje en tranvía entre el aeropuerto de Ilidža y el centro de la ciudad, en la que no conocía a nadie; los olores, los sonidos palatales de la extraña lengua serbocroata y el paisaje desolado de una región en plena posguerra multiplicados por mil en los sentidos de un chavalillo de Murcia, aprendiz de poeta, recién publicado, hiperestésico y enamoradizo, que no había dormido.

Es decir: el principio de todo. El principio de mi vida. Lástima no haberme hecho ninguna selfie para el recuerdo. Haberla subido a Facebook, con la leyenda Yo tenía 20 años / y estaba loco ;)

Xu Lizhi, que nació en 1990 y que tenía veinticuatro años, se suicidó el pasado 30 de septiembre en Shenzhen. No hubo selfie, no hubo post en Facebook, no hubo ni una mísera instagram que descartar con el pulgar de la pantalla de nuestros iPhones. Xu Lizhi no tenía iPhone. Él simplemente los fabricaba. Tenía, eso sí, un cuaderno. En él anotó, la noche antes:

(...) Nadie de cuantos me conocen
habrán de asombrarse por mi partida.
Tampoco suspiréis ni os apenéis:
estaba bien al llegar, estoy bien al marcharme.

Xu Lizhi, que nació en 1990, trabajaba en Foxconn, una de las mayores industrias de hardware del mundo. Solo en China, unos 800.000 jóvenes como él, llegados del interior rural, trabajan en sus cadenas de montaje. Fabrican para Apple y otros mastodontes tecnológicos. Las condiciones son, directamente, dickensianas, con meses enteros de trabajo sin un solo día libre, jornadas alargadas por "horas extra" obligatorias hasta encadenar dieciocho seguidas, salarios de hambre, etcétera. Cada tanto, un obrero no puede soportarlo más y salta por la ventana.



La empresa no tardó en reaccionar a las críticas, tras la primera oleada de suicidios, en 2011. Instalando rejas en las ventanas:



Xu Lizhi, que nació en 1990, vio suicidarse a algún compañero. Escribió lo siguiente:

Un tornillo se cayó al suelo (9 de enero, 2014)

Un tornillo se cayó al suelo
en esta oscura noche de horas extras
verticalmente, con leve ruido
que a nadie llamó la atención.
Igual que la otra noche,
una noche igual que ésta,
cuando alguien se arrojó.

 Xu Lizhi, que nació en 1990, responde con sus escasas vida y obra al tremendo dictum de Adorno, que nació en 1903: Por desgracia, es posible escribir poesía después de Auschwitz, querido Theodor. Tu frase más memorable, por ejemplo, data de 1951.

Tan solo es necesario apretar los dientes mientras se escribe.

Como hacía, seguro que hacía, Xu Lizhi, que nació en 1990, mientras redactaba esto:

Conflicto (7 de junio, 2013)

Todos dicen
que soy un chico
de pocas palabras.
No lo niego.
Pero de todas formas,
tanto si hablo
como si no
con esta sociedad
siempre estaré
en conflicto.

o esto: 


Me duermo de pie (20 de agosto, 2011)

El papel se hace difuso delante de mis ojos.
Con una pluma de acero esculpo un negro irregular
lleno de palabras de trabajo.
Taller, línea de ensamblaje, máquina, tarjeta de fichar, horas extra, salario..
Me han entrenado para ser dócil.
No sé cómo gritar o rebelarme,
quejarme o denunciar.
Sólo sé sufrir en silencio hasta el agotamiento.
Cuando pisé por primera vez este lugar,
sólo deseaba la nómina gris del día diez.
Para ello me encadeno a mi esquina y a mis palabras.
Renuncio a faltar, renuncio a enfermar, renuncio a mis asuntos personales.
Renuncio a llegar tarde, renuncio a irme temprano.
Por la línea de ensamblaje me mantengo firme como el acero y mis manos vuelan.
¿Cuantos días y cuantas noches
habré pasado dormido de pie?

EL FINAL DE LA CRISIS

Madre mía cómo odio despertarme en mitad de la noche. Imposible no empezar inmediatamente a pensar en un día siguiente de somnolencia, irritabilidad y dificultades de todo tipo para estar a la altura. Imposible también no ponerse a repasar esas tareas que te esperan y que tendrás que encarar con desventaja. Pero eso viene después: ahora es el odio. Aún no he abierto los ojos, pero ya noto el temblor de mi pie derecho, el desacomodamiento de mi respiración, el repunte de mi nivel de ansiedad. No puedo, siendo realista, esperar volver a dormirme en menos de una hora. Me conozco.

¿Qué hora es? Por la intensidad del malestar sé que he interrumpido un ciclo de sueño, y por la nula claridad que atraviesa mis párpados entiendo que aún no es de madrugada. Con esos datos, calculo que las cuatro de la mañana. La hora más tranquila de la noche, aun en este barrio de mierda: los borrachos ya se han dormido en su curda y los curritos aún no están subiendo a sus infernales furgonetas y encendiendo Kiss FM a todo volumen.

Todo lo cual no explica los ruidos.

De la escalera me llegan murmullos, personas que la bajan tratando de hacer el mínimo ruido posible, pero que cargan con algo (¿mochilas, maletas?) que tropieza cada poco con el suelo o las paredes. ¿Cuántos vecinos tengo, exactamente? Abren la puerta de la calle, se preocupan de que no dé portazo, suben a sus coches, los cargan, arrancan y se van.

Hay más coches arrancando, más operaciones de carga y más murmullos que llegan desde la calle. Salen los coches, sin encender Kiss FM, casi sin acelerones, con una cortesía fuera de lo común.

Pero muchos.

 ¿Debería esa procesión de luces eléctricas provocar una claridad que tal vez podría atravesar mis párpados cerrados? No podría decirlo. ¿Tal vez circulan con las luces apagadas?

Mis hijos, por suerte, no parecen haberse despertado. De la habitación de al lado no llega el menor susurro. Pero llegará, de eso no cabe duda, si se mantiene este maremágnum acolchado.

Pienso en alguna extraña festividad religiosa local de la que no hubiese tenido noticia. Mi jefe sí, seguro que habría tenido noticia, me digo con un leve tono irónico que me ayuda a tranquilizarme.

El ritmo del ruido parece ir descendiendo poco a poco, afortunadamente.

Y ahora sí: llega esa claridad del amanecer. Deben de ser las cinco y media. Hay algo de silencio, interrumpido a intervalos cada vez más largos por algún coche rezagado. Quedan dos horas para que suene el despertador.

El dilema ahora es: tratar de dormir esas últimas dos horas, o abrir de una vez los ojos, e ir a mirar.

jueves, 4 de diciembre de 2014

UN POEMA DE CORAL HULL




EL MATADERO DE LA NUEVA ERA


a una de las novillas en el camión de transporte
le leyeron las cartas del tarot y
la carta de la muerte apareció/
no una carta negativa de ningún modo sino
una carta que significa grandes cambios en su vida,
su niño ternero tauro con ascendente capricornio está bramando
en una fábrica de carne de ternera/
sus cuatro patas desgarbadas rotas
quiroprácticamente crepitada en la cintura/
confinado a
un empaque de embalaje orgánico (aprovechamiento maderero
sostenible, tan sólo)/ un cristal de cuarzo rosado sujeto a cada
articulación rota para equilibrar el chacra del corazón/ mientras tanto la novilla es marcada sobre el anca
con su signo solar su carta numerológica/ las vacas son conducidas desde el camión entran al matadero
de acuerdo al brillo de sus auras individuales/
las luces eléctricas son matizadas con un color lavanda/ una esencia floral -álamo temblón: para el miedo la premonición
del futuro/ se le echa a cada hocico espumante
con un gotero/
y la sagrada motosierra es
llamada excalibur/
y cada trabajador lleva el
pentáculo (el lado derecho arriba por supuesto) & ellos
jamás cortan en sentido contrario a las agujas del reloj/
no se necesita
un gurú/ existe la libertad individual/ el
administrador proscribe los óvalos de electrocución por
razones éticas/
y antes del aplastamiento de su frente/
miramos dentro de sus ojos de largas pestañas tan profundamente como
podemos: como enseñanza universal de amor y
compasión/
pero no hay mucho tiempo/ ahora
para curar con algún color púrpura a los trabajadores/ mientras todos nosotros la lanzamos a su muerte en una
experiencia extra corporal/
o quizás ella es abducida por
ángeles guardianes en un ovni/ cómo podemos saber? todo la pausa con la cual la canción de la ballena jorobada
suavemente abandona sus océanos sobre el sistema de matadero de
la nueva era/
se detectó entre los trabajadores que
se estresan menos cuando esto se hace jugando e
incluso trajeron macetas de marihuana al salón de té/ el pesado cuerpo de la vaca (aún estremeciéndose) es arrastrado
arriba sobre el gancho/ con su nuca abierta en dos
no puede retener aire y sangre/
un grito de los trabajadores
te libera a ti mismo a la fuerza vital universal!/ para este húmedo renacimiento su piel es desollada al vapor/
y la sumergimos en algo de jalea real & hierba de la vida/ esta noche celebramos su muerte & masticamos su grasa
digerimos su cadáver/ sabiendo que somos uno con
ella que ella está en paz/
para aquellos que
quedaron atrás: un lindo masaje con aceites esenciales para relajarse
de su estrés.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

POESÍA Y DINERO



A veces parece como si nos jodiera que un poeta tenga que pagar el recibo del agua. Me refiero a esa forma de odio telúrico que nos posee cuando vemos a la banda emergente de indie rock prestando su canción y su imagen para una campaña publicitaria. ¿Pero publicidad de qué? Ah, no sé. De papel higiénico. O mejor, de embutidos low cost: chopped, galantina, fiambre en barra con el jeto de Mickey Mouse en cada loncha, cosas así.

Parece como si nos jodiera. Como si según qué cosas no estuvieran bien: Manuel Vilas ingresando un cheque, Najwa Nimri comprándose un abono del metro, Santiago Cirugeda saliendo con dos bolsas grandes del puto Hipercor.

Qué mal, ¿no?

Ese tipo de transacciones alienantes son nuestras, ése es el charco de caca en que chapoteamos nosotros y que llamamos vida. Lo que suena de fondo, que por si sentís curiosidad os diré que es el último de Extremoduro, que me lo bajé ayer, no huele o no debería oler.

¿Cómo? ¿Que Robe Iniesta ha ido a la Guardia Civil a denunciar al carretillero de la fábrica de los cedés por piratería? Coño, eso ya sí que huele un poco.

Robe Iniesta haciendo cola en el banco para actualizar la cartilla. Robe Iniesta cabreado porque no sabe ese cargo de 27,40€ de qué es. Hasta que ata cabos y se da cuenta de que es de Jazztel. Aroma.

Robe Iniesta, el poeta del pueblo, presidiendo una asociación de músicos extremeños en contra de la piratería. Redactando los estatutos. La parte en la que se habla de emprender acciones legales contra blablablá. Declarando en un juzgado de lo mercantil. Llegando diez minutos tarde a la vista de conciliación. Fumándose un truja en la puerta con el abogado. Mirando con deseo a la pasante. Olor.

Robe Iniesta, apparatchik del partido de la industria cultural. Coño, qué peste, ¿no?

¿Por qué nos jode?

Porque que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno. Las artes pertenecen al terreno de lo sagrado y los artistas deberían ser monjes. O, si no, que sean al menos telepredicadores multimillonarios, pero que no toquen el dinero con las manos. Ante la duda, releed El perseguidor en esos términos. Buscad la sacralidad en la semblanza de Charlie Parker. En concreto el pasaje del bistec con patatas.

La alienación, los números rojos y el precio de la pescadilla están a este lado, al nuestro. Que no contaminen el de allá. Porque necesitamos esa asepsia, esa inmaculada concepción. Y podemos ponernos muy talibanes. Podemos ser los Guardianes de la Revolución si insistes demasiado en que te paguemos el bolo.

-¿Hola? -contestas-. Estos poemas me han costado miles de horas de trabajo. La redacción de este libro me ha dejado el hígado graso. Llevo veinticinco años escribiendo y salgo en más antologías de las que puedo recordar. Te he llenado el bar de santos bebedores. ¿Y me estás diciendo que te pague el quinto que me he tomado mientras recitaba?
-Sí.
-(...)
-Escribe un soneto sobre romperme la botella en la cabeza si quieres, pero me debes 1,50€. Tú ya has cobrado. En promoción.

Escenas como ésta sobre la simpática escena cultural de una ciudad cualquiera de provincias se repiten una y otra vez. No hay charla de artistas que no incluya dos o tres anécdotas parecidas. Y cuanto más te ocurran, mejor. Es tu via crucis. Tu martirologio. Que tus apóstoles monten una buena biblia con todo ello. Porque si el día de mañana lo petas y te acusan de (¡oh, dios mío!) cobrar dinero a cambio de tu arte, podrás defenderte con ella. No, no es necesario que la abras para leer en voz alta ese pasaje tan jugoso de la página setecientos noventa y seis. Con que la lances bien fuerte a la cabeza de alguien ya vale.

Igual se la vuelas.

Pero dará igual. Aquí seguiremos todos: bajándonos discos, leyendo gratis, durmiendo en sofás. Trabajando como jodidos chinos a cambio de recompensas puramente espirituales. Había que empezar por alguna parte a construir la República Utópica Postmonetaria y se ha decidido que sea por aquí. Esto puede que sea una milonga para que te calles y pagues el quinto o tal vez no. Por una vez, voy a dejaros opinar. ¿Sí o qué, achas?

lunes, 24 de noviembre de 2014

UN POEMA DE NATALIA CARBAJOSA




XV



Saboreada la lluvia, aspirado su olor a tierra, podemos volver a soñar palabras.

Las palabras son monedas de oro que salen de la boca en la clarividencia del sueño.

Vomitamos palabras porque nos hacen ricos: las palabras urden cuentos,

los cuentos nos llevan en volandas, plenos de riqueza y de felicidad,

al umbral exquisito y profuso

de la muerte.

Somos los mercaderes más afamados, nuestras delicadas telas las más preciadas en todo el Oriente.

Cuando lleguemos a Ispahán, se las ofreceremos todas a ella, las extenderemos con sumo esmero a sus pies. Ella sonreirá, asentirá y observará sorprendida:
                                                                                  “¡Tan largo camino para tantas palabras!"

martes, 18 de noviembre de 2014

DECÁLOGO PARA POETAS DE MIERDA

1. Tu vida mola, sí. Pero a lo mejor no mola tanto. Quiero decir: igual tú eres uno de ésos que empieza a contar anécdotas y la gente se queda como loca escuchándole durante horas. Bueno. A lo mejor deberías pasarte a la novela quinqui a lo Montero Glez, o a la cotillonovela a lo Catherine Millet. Porque no te va a ser fácil montar un poemario con esa loncha que te metiste en el último SOS, o con los seis puntos que tuvieron que darte tras el desahucio aquél, o con el polvo que echaste el 9 de septiembre de 1997 a las 08:21 a.m. detrás de las dunas de la playa de La Llana. Vas a tener que ponerle algo más al guiso, tron. Empieza a rebuscar por el frigo a ver si hay algo.

2. Tu vida no mola, no. Pero a lo mejor sí mola un poco. Porque en tu último libro te has dedicado a hablar de teoría de cuerdas y postestructuralismo escandinavo. Y en el anterior la cosa iba del bosón de Higgs y la representación de la naturaleza en las sagas védicas. Y a partir del poema número ochenta empezamos a leerlos poniéndoles involuntariamente, por dentro, la voz de Sheldon Cooper. Los pelos como escarpias, acho.

3. La quieres mucho, lo sabemos. O lo quieres. Es fácil dejarse llevar. Ver en los poemas oportunidades de comunicarte con tu amado, tanto para asegurarte el kiki de esta noche como para pegarle veinte kilos de dinamita en la columna maestra de su ego. Pero acho, no queremos leer tus whatsapps. En serio que no. Todo el mundo lleva en su móvil trescientos poemarios como ése. De verdad. Todo el mundo.

4. El mundo no va a cambiar cuando el ayuntamiento de Sucina te publique tu librico. El mundo no es tu interlocutor, de hecho. Tus poemas van a ser leídos por personas como tú, más o menos chaladas pero personas con un horario y unos whatsapps por contestar y una cuenta (pendiente) en el banco y una pequeña mala conciencia y una tele con demasiados canales y un facebook mandándoles notificaciones y un millón de cosas que hacer. No los trates como si fueran una placa tectónica. No son el capitalismo, sino gente que lo sufre como lo sufres tú. Así que rebaja el tonito, macho, que yo no soy Amancio Ortega.

5. Si usas un lenguaje y una arquitectura como los de Ashbery, te van a llover collejas. Si usas un lenguaje y una arquitectura como los de Nicanor Parra, te van a llover collejas. Si practicas la evasión como Raquel Lanseros, te van a llover collejas. Si te comprometes como Jorge Riechmann, te van a llover collejas. Si vas a tu puta bola y creas una poética propia como Manuel Vilas, te van a llover collejas. Te van a llover collejas. Ni la humildad ni la fé en ti mismo te van a salvar de eso. ¿Y con esto qué quiero decir, que creas en tu poesía y sigas adelante aun en los períodos de hostilidad crítica? No, que hay una crema muy buena pal pellejolcuello que se llama Bepanthol.

6. La noche de San Juan, coge tu poemario y entiérralo en el limo de la ribera del río en que te bañaste por primera vez. Riégalo con sangre de rana, anfetas y semen de virgen. El tuyo valdrá. En adelante, baila desnudo sobre la tumba de tu poemario cada luna llena, cantando la Canción para una discoteca, de Panero, en versión de Bunbury, Carlos Ann y los otros dos que ahora no me acuerdo. La noche del solsticio de invierno, también llamada Sol Invictus porque era una festividad celta que los cabrones de los católicos se apropiaron porque blablablablablablablablablablá [insertar tres párrafos de rollo perrofláutico coñazo aquí], vuelve a desnudarte y recita la Canción del indio Crow antes de desenterrar los folios. Un cambio maravilloso se habrá operado en ellos. ¿Por el poder mágico del paganismo? No, pardillo. Porque han pasado seis meses, que es el tiempo mínimo que hay que darle a la mandanga antes de ir corriendo a publicarla o presentarla a los concursos. ¿Y eso pá qué? Bueno, tú hazme caso a mí y ya verás cómo luego me lo agradeces. ¿Pero por qué? Porque sí y punto.

7. Un poema no tiene objetivo. Ni un libro de poemas. No. Tiene. Objetivo. Como le asignes un objetivo, sea publicar en Pre-Textos o ganar el Cáceres Patrimonio de la Humanidad o que me cojan los de Voces del Extremo o salir en la antología de Manuel Rico o yo qué sé qué más, la jodiste. Ahora mismo no me apetece explicártelo, pero la jodiste.

8. Los verbos en imperativo molan bastante, lo reconozco. Si no me gustasen, nunca habría pensado en escribir un decálogo monguer como éste. Pero una cosica: si usas más de tres o cuatro en un poema, el poema se va a la mierda. Se convierte en una receta de cocina, la del pastel de merluzo en su tinta o algo así. ¡En serio!

9. Ahora viene el típico anticonsejo en plan "no hagas caso a ningún decálogo", que es como una broma, porque viene dentro de un decálogo. Una broma motivadora: tú vales, tú eres un genio, no hace falta que aprendas nada más de nadie. A escribir, campeón. 

Parece un poco siniestro, ¿no? Como cuando el cabrón de Gollum le dice a Frodo: tú métete en la cueva ésta, sí. No, no te preocupes, que no pasa ná. Yo me quedo aquí fuera, pero tú palante, campeón. No aceptes consejos de nadie. No, no hay ningún bicho venenoso del tamaño de una puta furgoneta, cómo se te ocurre. Entra, entra.

10. Leed a Kenneth Rexroth. Éste sin coñas ningunas. Leed a Kenneth Rexroth. Lo demás os lo podéis saltar.

viernes, 14 de noviembre de 2014

LO PEOR DE LA ENTOMOLOGÍA ES CUANDO TE CLAVAN EL ALFILER

Pues ná, que estaba yo el otro día tomándome unas cañas celebrando Halloween con mi amigo Tirso, que coordina una asociación de aficionados al cómic, y salió el tema de Por los caminos oscuros, que es esa serie alucinante de David B. sobre la conquista, por parte de Gabriele D'Annunzio, de la ciudad de Fiume (actual Rijeka, Croacia) en 1919. Voy a poner una imagen de esa maravilla gráfica un poco porque sí, sin venir a cuento:


Ahí estábamos los dos deshaciéndonos en elogios hacia B. y hacia la obra, y entonces lo veo que pone su sonrisilla de medio lao y suelta:

- Y luego está el D'Annunzio ése, eh. Madre mía, qué hombre. Nadie diría que era poeta.

Se me congeló la mía en la cara, todo sea dicho. Todas las historias de la literatura del XX hablan de D'Annunzio como una de las figuras fundamentales de la vanguardia de entreguerras. Y se lo iba a decir. Pero me detuve a tiempo. Porque traté de imaginarme a un poeta vivo conquistando una ciudad. Pensé en Radovan Karadžić, que era, manda huevos, también poeta y psiquiatra. Pensé en Limónov (me la estoy leyendo ahora). Pensé que el arquetipo del poeta-guerrero garcilasiano es un exotismo, que es en lo que se convierten los arquetipos justo antes de desaparecer.

¿Por qué nadie diría que D'Annunzio era poeta? Por su voracidad, por su compromiso con el aquí y el ahora, por su inquebrantable voluntad (inquebrantable y fascista, importa recordar) de romper lo real. En cierto sentido, el príncipe de Montenevoso era el exacto contrario a un poeta. Que es lo que me estaba echando a la cara mi compadre Tirso, entre caña y caña entre calabazas y trucotratos, el otro día.

Entonces, ¿cuál es el arquetipo ortodoxo del poeta contemporáneo? Alguien que lee textos inextricables y brinda al sol por Twitter. Alguien a quien le urge un psicólogo pero no iría ni por todo el oro del mundo ni puede pagarlo tampoco. Alguien que sufre, así en general, excepto cuando: a/ se sube a un escenario con unos folios en la mano; b/ alguien comparte una foto de su libro en facebook y lo etiqueta. Alguien más bien intenso, un poco como el Matthew McConaughey (lo he escrito sin mirar, lo prometo) de True Detective pero, obviamente, sin pistola ni intención de meterse en sitio chungo alguno, si excluimos la ropa interior de la mitad de la parroquia. Alguien que siempre pide cerveza y nunca nada para picar. Alguien con barba y gafas. Sí, ése. ¿Lo tenéis? Ah, genial. Paro ya, entonces.

Se nos presupone a los poetas la nostalgia y el tono elegíaco. Y no he hecho ningún estudio estadístico, pero yo creo que se nos presupone bien. El tiempo pasado y tal y cual. Sin embargo, yo creo que lo elegíaco es un efecto secundario. Algo colateral. Parecer abducido por el pasado es el precio que hay que pagar por esta labor de rescate del presente. Los días de nuestra vida no son un timeline en el que se van sucediendo historias que reclaman un momento nuestra atención para sumergirse a continuación para siempre en la oscuridad. Ni un conjunto de actos de consumo. Ni un coto de caza para que se alimente nuestro ego. Todo eso es el excipiente, pero hay otra cosa. Lo sabemos porque nuestro marco teórico exige la existencia de esa materia. Y porque la hemos tocado aquí y allá.

Al lado de eso, lo de Fiume se queda en pendejada. Conquistamos y (sobre todo) perdemos Fiume todos los días, o al menos, en el peor de los casos, podemos deciros dónde está, por dónde se va, cómo se llama ahora en otra lengua. Y además adornamos, y no salimos caros. Nos sabemos los bares más baratos de todas las ciudades, y no nos importa demasiado que nos lancen clichés.

sábado, 8 de noviembre de 2014

EL MINISTRO DE FOMENTO (DE LA LECTURA)




Si yo dirigiese alguna campaña o actividad de fomento de la lectura, cosa que, por suerte para la lectura, no va a ocurrir jamás, creo que no optaría por el enfoque buenista que impera. No sacaría fotos de gente sonriendo con un libro en la mano, ni describiría los mundos maravillosos que la literatura abre para ti sin moverte de tu sillón. Ni siquiera haría coñas con aquello que supuestamente dijo John Waters acerca de no follarse a nadie que no tuviera libros en casa. No.

Yo optaría por el enfoque DGT.

Que consiste en: acojonar.

Los responsables del tráfico patrio descubrieron que una campaña de anuncios con conductores educados y sonrientes que reducen marchas para detenerse dulcemente ante un paso de cebra, y un niño rubio y risueño que lo cruza lleno de confianza en el futuro de la humanidad no solo aburre hasta a las piedras, sino que no consigue hacernos conducir mejor.

Ahora: saca a ese mismo conductor atropellando al niño rubio y esparciendo sus sesos por el parabrisas, con bien de System of a Down de fondo. Saca al conductor siendo juzgado, condenado y violado en prisión. Saca a la madre del niño abriéndose las venas en la bañera y al padre fumando chinos. Que ya verás tú si frenamos o no frenamos, en el paso de cebra.

Pues con la poesía, igual.

No me pongas vídeoclips de zagales sosos leyendo poemarios de amor frente al lago, y cerrando y abrazando el libro tras una emoción reconfortante. Cómo coño vas a sentir emociones reconfortantes leyendo a Brane Mozetič. De qué te iba a salvar la poesía de Cristina Morano. De nada, pijo. ¿Qué os habéis creído, que la poesía es como el coaching ése? ¿Por qué no os autoayudáis un poco con el redtube punto com? Sí, ahora. Os espero.

A mí sacadme imágenes escalofriantes de qué seríamos si no tuviésemos poesía. Mostradme esos monólogos interiores despojados de lectura. Sí. Aunque os asustéis de solo pensarlo. Sacadme a un consejero delegado. A un consejero delegado enamorado, para más terror. Enseñadme cómo sería que me gustase alguien si jamás hubiese leído un verso. Cómo haríamos el amor. Exponedme qué me pasaría por la cabeza en una manifestación o en un desahucio si no tuviese la poesía que me explica qué estoy haciendo allí, a riesgo de que me partan la cara. Quién me protegería. De la alienación, del mercado todopoderoso, de seguir la corriente como un borrego, de ir a donde me mandan, de decir lo que me dictan, de pagar a la salida. Qué aspecto tendría el mundo sin las gafas de ver, entonces.

Desagradable, cierto. Pero efectivo. O, a lo mejor, con imaginárselo, ya es suficiente. Que os aproveche, en ese caso.

domingo, 26 de octubre de 2014

UN MICRORRELATO. DE TERROR. O DE AMOR, YO YA NO SÉ.

NOVIEMBRE DULCE

Con la llegada del otoño, cuando se acortan los días, me gusta sentarme delante del fuego y quedarme a solas con tus pensamientos.

jueves, 23 de octubre de 2014

ME VERSUS THE MONGUER POETRY

Un día cualquiera te despiertas, abres la ventana (de Facebook, claro) y está todo lleno de estas cosas:


La, no sé, acción se le ha atribuido a Boa Mistura, que es una peña puntera que se llama así porque hace como una mezcla (mistura) entre Banksy y Ágata Ruiz de la Prada. La, no sé, poesía no es suya, que ellos son los de los colorines. La, no sé, poesía es de personas como los, no sé, músicos Leyva, o Rayden, etcétera.

Otras obras del, no sé, colectivo Boa Mistura, venga:



Ésta en concreto no sé, sinceramente, si es de verdad callejera o ilegal. No me termino de imaginar a este grupillo de "rockeros del graffiti", como les gusta llamarse, madrileños introduciéndose de noche en un barrio de favelas de São Paulo para pintar rockeramente las paredes. Esto tiene toda la pinta de ser un encargo, pero ya digo que yo qué sé. Pero volvamos a los pasos de cebra.

Hay, debe de haber ahí mucho, no sé, arte para arriesgarte a una multa de seis mil leuros por perpetuar una frase así. Respeto eso. Coño, el otro día escribí con un rotulador permanente una frase de Guy Debord en una columna de mi casa y tuve que pelearme todo el rato con una parte de mi cerebro (ciertamente no mi parte lagarta) que me gritaba ¡¡¡estás tó loco!!! y no me dejaba ni concentrarme.

Claro, que la promo que te procura esta, no sé, acción tampoco viene mal, por pensarlo un poco todo, hasta lo mal.

A uno se le vienen a la mente, obviamente, otras, no sé, acciones similares, como ésas de Acción Poética Sucina (o donde quieras) que están por todas partes y que se parecen a esto:


Dependiendo de cómo me pille el cuerpo, a veces estas, no sé, acciones me provocan sarpullidos psicosomáticos. Es que estoy fatal de los nervios. Muchas veces me sorprendo (bueno, tampoco la sorpresa es tan gorda, la verdad) albergando elaborados pensamientos de carácter reaccionario y elitista como dios acho menuda mierda de verso o si lo llego a pillar yo con la brocha le pongo una multa de seis mil collejas o leed, cojones, leed algo que no sea el puto tuíter. Poesía, por ejemplo.

Pero el cabreo se me pasa enseguida.

Con solo darme cuenta de que yo no soy quién para decidir qué es y qué no es poesía ya me encuentro mejor.

La poesía que me gusta no es meramente decorativa ni se basa en retruécanos más o menos ingeniosos y bienintencionados. Tal vez mi relación ideológica con las masas de desposeídos de Latinoamérica me impediría ir a pintar de colores chillones una favela y sentirme genial después. Esto es así y no va a cambiar. Ni ganas de que cambie.

Pero ya estoy demasiado viejo como para comportarme como un jodido viejo.

Pintad lo que os dé la gana y compartidlo como queráis. No pienso dedicaros ni una triste psicopsoriasis más.

Lo único que quedará entre nosotros será mi derecho al unfollow.

martes, 21 de octubre de 2014

MI PARTE LAGARTA

Voy a reconocer una cosa: me encaaaaanta el juego ése de "¿y tú qué harías si te tocaran los euromillones?". Ya, ya lo sé, es una memez. Y consumismo. Y banalidad. Pero no puedo evitarlo. La parte de mi cerebro que comparto con los lagartos (yo la llamo "mi parte lagarta" y a Freud le hace mucha gracia, cuando sueño con él, que es nunca) se pone como loca con la pregunta. En mis pupilas aparece el símbolo del dios euro. Empiezo a salivar. En general, prefiero estar solo para hacer todo esto, porque desde fuera puede resultar un poco desagradable.

Lo que pasa, claro, es que en mi juego no hay yates ni jets privados ni áticos en París. Oiga, un respeto, que soy poeta. En mi juego hay cosas como: escuchar a David González leer en mi ciudad. O unas becas de creación para gente que empieza. O un encuentro de editores independientes (de España o ¡también de toda Latinoamérica!) donde los muchos proyectos que están surgiendo por aquí puedan difundirse y consolidarse. O una residencia para poetas. O apoyo para asociaciones culturales donde escuchar y disfrutar de la poesía. O publicaciones dignas, con distribución amplia. O un premio importante, y donde digo "importante" no digo solo "bien dotado". Cosas así: medios, recursos, interés.

¡En serio! Entrecierro los ojos, entreabro la boca y veo todo eso. De repente estoy en, no sé, La Azotea, que sigue abierta porque ha recibido un poquito de ayuda pública. Está leyendo Isabel Pérez Montalbán, por ejemplo, que ha venido invitada a leer a un ciclo. Noto el fresquito del quinto que tengo en la mano izquierda, la emoción en el pecho ante lo que estoy oyendo, el calor de los amigos que tengo alrededor. El sitio está a reventar, como solía. Justo ahora estoy escuchando esto:

Amargamente vengo del naufragio
–páramo sin botellas mensajeras–
a tenderme en las dunas de la lluvia.
Sospecho del invierno, que ya avanza
la nieve desde el norte con sus bellos
gigantes del recuerdo bien armados.

Porque no existen labios que me asilen.


Y soy bastante feliz, qué queréis que os diga.

Aunque desde fuera la cosa no sea bonita de ver.

¿Y en cuanto al dinero? ¿Qué cantidad es la que recibo, en mi ensueño capitalista? ¿130 millones, como los del eurobote del viernes pasado? No achos. No hace falta tanto ni por allá lejos. Con el 0,1% de la panoja desaparecida según la instrucción del caso Umbra, ya habría. Con el 0,01% de lo que nos va a costar el aeropuerto. Con el 0,025% del último presupuesto que manejó Pedro Alberto (poeta él, por cierto) en su consejería. Con lo que le cuesta al año al ayuntamiento de Murcia el mantenimiento de la alfombra antideslizante que hubo que instalar en el puente de Calatrava entre Vistabella y el Infante (no me refiero al precio de la alfombra, ni por supuesto al del puente, sino al del mantenimiento anual de la alfombra).

Yo pienso en una cantidad de aproximadamente veinte o veinticinco mil euros al año, y salivo. Digo más: me toco. Ya he dicho que la cosa, desde fuera, es desagradable. Y bochornosa.

Un poeta entregándose a estas banalidades. Solazándose en el consumismo. Humedeciéndose pensando en cantidades.

- ¡Qué vergüenza, hombre! ¡Escribe un soneto ya, y deja eso! ¡Eso no es poesía ni es ná! ¡Eres un fraude!

lunes, 20 de octubre de 2014

UN POEMA DE CHARLES BERNSTEIN




GRACIAS POR DECIR GRACIAS


Éste es un poema
totalmente accesible.
No hay nada
en este poema
que sea de algún
modo difícil
de entender.
Todas las palabras
son simples &
van al grano.
No hay nuevos
conceptos, ni
teorías, ni ideas
para confundirte.
Este poema
no tiene pretensiones
intelectuales. Es
puramente emocional.
Expresa enteramente
los sentimientos del
autor: mis sentimientos,
la persona que
ahora te habla.

Su propósito es
comunicarse contigo.
De corazón a corazón.
Este poema te aprecia
& valora como
lector. Celebra
el triunfo de la
imaginación humana
entre riesgos &
calamidades. Este
poema tiene 90 líneas,
269 palabras, y
más sílabas de las
que tengo tiempo
para contar. Cada línea,
palabra & sílaba
ha sido escogida
para transmitir
únicamente el
significado previsto
& nada más.
Este poema abjura de
la oscuridad & el enigma.
No hay nada
escondido. Un centenar
de lectores podría
leer el poema
de manera
idéntica & obtener
el mismo mensaje
de él. Este
poema, como todos
los buenos poemas, cuenta
una historia en un estilo
directo que nunca
deja al lector
suponiendo. Aunque
por momentos exprese
amargura, ira,
resentimiento, xenofobia
& indicios de racismo, su
tono primordial es
afirmativo. Se
regocija aun en
esos amargos momentos
de la vida que
comparte contigo.
Este poema
representa la esperanza
por una poesía
que no dé la espalda
al público, que no
piense que es
mejor que el lector,
que se comprometa
con la poesía como
una forma popular,
como volar una
cometa o pescar
con mosca. Este poema
no pertenece a ninguna
escuela, ni tiene
ningún dogma. No sigue
moda alguna. Sólo
dice lo
que dice. Es
real.




[Traducción: Román Luján (@roman_lujan)]